A cuenta de espejitos nos tienen engañados

Cada vez que se anuncia un plan que trae consigo grandes presupuestos, aparecen los vendedores de espejitos; los creadores de ilusiones.

¡Cuidado! Cuando el gobierno dice que tiene a disposición ingentes recursos para la Gran Misión Vivienda Venezuela, salen los timadores de oficio, las empresas de maletín, porque saben que ahí es donde están los cobres. Hasta por debajo de la alfombra, aparecen vendedores de todo tipo de posibilidades de construcción de viviendas instantáneas, supuestamente muy fáciles de construir y baratas. La panacea en la materia.

La noticia es que la mayoría de estas soluciones no nos funciona porque somos un pueblo de autoconstructores.

La mayoría de los venezolanos construye su vivienda poco a poco de la manera tradicional, cabilla, bloque, cemento. Comienza con una casa básica y pasan toda su vida ahorrando y construyendo con los materiales que tiene a su disposición.

Cuando se construyen viviendas masivamente y con otras tecnologías disminuyen las oportunidades de las familias de tener una vivienda adaptada a sus propias necesidades, a su historia familiar.

Además hay que tener mucho cuidado con las novedosas tecnologías foráneas para la construcción. En nuestro país tenemos suficiente conocimiento técnico para producir viviendas en forma masiva con todas las certificaciones nacionales de sismo resistencia, estructural y sanitariamente  adecuadas y sobre todo adaptadas a nuestra manera de vivir.

La mayoría de las tecnologías en vivienda que nos traen los vendedores de espejitos, los que quieren sacar nuestro oro, y llevárselo a la misma usanza de los españoles con nuestros ancestros autóctonos, no han sido evaluadas ni cumplen con muchas de nuestras normas técnicas, no se adaptan a nuestro clima, topografía, ni a nuestras condiciones de vida.

La posibilidad de pasar a depender del suministro de materiales provenientes de otros países, sumado a la merma en la producción de la materia prima local, nos coloca en una situación de minusvalía para contribuir en la resolución del tema habitacional.

La vía no es la expropiación de empresas, apagar calderas en sidor, nacionalizar el cemento o el aluminio, y restringir la participación de los privados.

Por el contrario, sumar voluntades: promotores privados, comunidades organizadas, la banca publica, el financiamiento privado y el estado.

El norte tiene que ser evolucionar; en ningún momento aplaudir la involución en pleno siglo veintiuno.

Las políticas publicas deben ser en beneficio del colectivo, nunca en detrimento de la calidad de vida de los venezolanos.

Exijamos lo mejor y hecho en casa, no las sobras de otros, porque a cuenta de “espejitos” nos tienen engañados.

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