Igualdad por Venezuela

DVhlwJOXUAEbeDI“La igualdad de género es más que un objetivo en sí mismo. Es una condición previa para afrontar el reto de reducir la pobreza, promover el desarrollo sostenible y la construcción de buen gobierno”. Esta frase del exsecretario general de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz, Kofi Annan, señala un rumbo a seguir a los Gobiernos del mundo y Venezuela no es la excepción.

Garantizar los derechos humanos, incluida la igualdad de género, no es sólo un objetivo, es un medio para el desarrollo.

Según estudios del Banco de Desarrollo de América Latina, incorporar a las mujeres masivamente al sector productivo, pudiera aumentar en 34 por ciento el crecimiento de la región.

Venezuela ha suscrito y ratificado 11 acuerdos internacionales relacionados con los derechos humanos y todos contemplan disposiciones para promover y proteger los derechos humanos de las mujeres.

Según el artículo 23 de nuestra Carta Magna, los tratados, pactos y convenciones relativos a los derechos humanos, suscritos y ratificados por Venezuela, tienen jerarquía constitucional y su aplicación debe ser inmediata y directa por parte de los tribunales y de todos los órganos del Estado.

A pesar de ello, la situación de nuestras mujeres no muestra avances. Según el ranking global de 2016, Venezuela tiene una brecha de género de 69,37 por ciento, que la ubica en el puesto 74 de la clasificación mundial y está entre los 6 países con peor desempeño en la región en lo que se refiere a este indicador.

Este índice mide la diferencia entre mujeres y hombres en lo que se refiere a salud, educación, economía e indicadores políticos y refleja la medida en que se están distribuyendo los recursos y oportunidades entre los hombres y mujeres en los 142 países que son evaluados.

En Venezuela los derechos humanos de toda la población son violados a diario, pero las mujeres son uno de los grupos más sensibles en cuatro aspectos fundamentales: la vida pública y política, la salud y los derechos sexuales y reproductivos, el derecho a un nivel de vida digno, la violencia contra la mujer y el acceso a la justicia.

Existen leyes y normas que apuntan a una mayor protección del embarazo y la maternidad, pero los avances son pocos y es en este aspecto en el que voy a concentrarme en estas líneas.

Somos el país con el mayor número de embarazo adolescente de la región. En 2016 la tasa de fecundidad de niñas entre los 15 y 19 años fue de 95 por cada 1.000, mientras en el 2015 fue de 93 por cada 1.000, según cifras oficiales entregadas al Fondo de Población de las Naciones Unidas, lo que hace presumir que la estadística, de por sí alarmante, podría ser todavía mayor.

El embarazo adolescente induce al estancamiento. Les roba el futuro a las niñas y al país. Una adolescente que sale embarazada suele abandonar el sistema educativo y ve dificultada su inserción en el mercado laboral.

Desde 2013 ha ido creciendo de forma sostenida la tasa de mortalidad materna. Según cifras oficiales del Ministerio de Salud, aumentó 65,79% en 2016.

Y el Gobierno lo que hace es burlarse. Su respuesta es ofrecer dinero, como si con un bono se pudiera atender un problema estructural de la magnitud que acabamos de plantear. Sus acciones efectistas y carentes de estrategia no resuelven la situación.

Es una cuesta muy difícil de superar y parte de la solución está en el esfuerzo que hagamos por reducir la brecha de desigualdad, lo que pasa también por una mayor integración de la mujer en la vida política y pública, para que se cumpla lo establecido en las convenciones internacionales y en nuestras leyes.

No podemos permitir que un Gobierno irresponsable continúe llevando a las venezolanas a situaciones extremas en las que difícilmente logran sobrevivir.

Hoy la madre venezolana ve morir a sus hijos por el hambre, la falta de medicinas, la delincuencia o luchando por sus derechos; los ve partir del país buscando oportunidades en otras tierras. Nuestras mujeres no están destinadas a buscar en la basura algo para llevarse a la boca. ¡Esto tiene que cambiar!

Garantizándoles realmente el acceso a la educación, a la salud, al trabajo, a las decisiones políticas y económicas, tendrán oportunidades para superarse.

He dedicado mi vida al servicio público y en todos estos años he trabajado por y con las mujeres. He sido testigo de su sufrimiento pero también de su fuerza, su valor y su tenacidad para superarse.

¡Aprendamos de su ejemplo y convirtamos cada obstáculo en una razón más para luchar por nuestras mujeres y por nuestra Venezuela!

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Monstruosidad de Estado

A lo largo de 18 años la valentía de Linda Loaiza ha dejado al descubierto uno de los lados más oscuros del régimen.

Linda Loaiza

Linda pasó de ser torturada sistemáticamente durante cuatro meses por su agresor, a sufrir la tortura continuada de un Estado que, estando obligado a defenderla, lo que hizo fue señalarla para proteger al victimario.

 

Repasando lo vivido por Linda, desde entonces, hasta el sol de hoy, uno ve aparecer los monstruos que nos condujeron hasta donde estamos ahora y que tanto dolor han causado y siguen produciendo a los venezolanos.

La impunidad ha crecido como todos los males del país. Los criminales actúan amparados por un Estado igualmente criminal, por un sistema de “justicia” podrido, que convierte a los victimarios en víctimas y a las víctimas en delincuentes.

En 20 años, el número de hogares en Venezuela con jefatura femenina, pasó de 24 a 39%.

En ese contexto, lejos de impulsar políticas para que la mujer desarrolle sus capacidades, el Gobierno se limita, como en todos los ámbitos, a invertir en medidas cosméticas y propagandísticas, mientras sigue empujando la crisis que afecta cada uno de los aspectos de la vida de los venezolanos y en especial de nuestras mujeres.

Linda Loaiza le puso nombre a la vulneración de los derechos humanos de las mujeres.

Su rostro representa a cada una de las venezolanas que sufren la violencia de género, en un país con un gobierno que se dice feminista.

Tal como se afirma en el informe Mujeres al Límite, realizado por CEPAZ, AVESA, la Asociación Civil Mujeres en Línea y FREYA, es prácticamente imposible conocer las dimensiones de la violencia contra las mujeres en Venezuela. Desde hace dos años no se cuenta con cifras del Ministerio Público, y el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género (MinMujer) tampoco lleva un sistema de registro de casos.

La Fiscalía sólo reporta la cifra total de femicidios desde el año 2014, pero la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LODMVLV), tipifica 21 formas de violencia contra las mujeres.

La ineficiencia del sistema de justicia para atender a las venezolanas víctimas de violencia las lleva a procurar resolver el problema al margen de la ley y de las instituciones del Estado.

Crean organismos para supuestamente proteger a la mujer y reparten dinero que no soluciona nada, pero para nadie es un secreto que es inexistente la preocupación del Estado venezolano por las mujeres y que la impunidad lleva a que la violencia se haga cada día más presente.

Para marzo de 2016, se estimaba que 50% de las venezolanas había sido víctima de algún tipo de violencia por parte de su pareja, según el Fondo de Población para el desarrollo en Venezuela.

Pero la violencia no es sólo física, lo que padecen las mujeres a diario por la situación social y económica, es también un tipo de violencia y la actuación o la falta de esta por parte del gobierno es ciertamente criminal.

El caso de Linda Loaiza, tuvo 59 inhibiciones, pasó por las manos de 76 Jueces y Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y las audiencias fueron diferidas en 38 oportunidades.

Ante la falta de respuesta Linda acudió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siendo el primer caso venezolano de violencia contra la mujer que llega a esa instancia.

“Quería justicia y es lo único que le he pedido al Estado venezolano. Nada me devolverá mi vida anterior a esta tragedia, pero esperaba sentir que el culpable lo pagaría de alguna manera. Me sobrepuse y me dediqué a buscar justicia. Allí me enfrenté a otra forma de tortura: la sordera del sistema judicial hacia la violencia contra las mujeres. Aprendí que la justicia no existe para quienes no tienen poder y menos para las mujeres”, expresó Linda.

Hablamos de un problema estructural, que amerita un verdadero compromiso, que parta del reconocimiento del problema.

La humillación y la tortura que viven nuestras mujeres no se resuelve con bonos y medidas demagógicas. Pero es mucho pedir que los monstruos que nos trajeron hasta aquí reconozcan su responsabilidad y corrijan el rumbo.

El caso de Linda es una fiel demostración. La forma como se burlaron de su sufrimiento y de sus derechos, no necesita mucha explicación. No hay justificación, no hay atenuantes.

No existe un Plan Nacional en contra de la violencia contra las mujeres, que es precisamente la exigencia que hace la Comisión Interamericana de Derechos tras la audiencia de Linda Loaiza esta semana: “Venezuela debe diseñar e implementar una política nacional en materia de prevención de la violencia contra la mujer y de género que incluya mecanismos efectivos de supervisión y fiscalización”.

Linda nos ha dado un ejemplo de valor, constancia y determinación al denunciar al Estado en instancias internacionales. Es por ella y por todas las mujeres venezolanas que seguimos en la lucha.

No caigamos en la desesperanza. Como bien ha dicho Linda ¡Rendirse no es una opción!

Ante cada obstáculo más unidad

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Cada día el régimen coloca más obstáculos para impedir el ejercicio democrático en nuestra Venezuela. Sabe que la inmensa mayoría de los venezolanos los quiere fuera del gobierno y que unas elecciones libres y limpias, en las que la voluntad del pueblo sea respetada, le serían desfavorables.

Es por eso que, a pesar de los inventos que ejecutan a través de sus instituciones partidistas, como el Tribunal Supremo de Justicia, la Asamblea Nacional Constituyente y el Consejo Nacional Electoral, debemos mantenernos en la lucha, dando testimonio del espíritu democrático de nuestro pueblo y de los partidos políticos que queremos cambio y un futuro de progreso para Venezuela.

Este fin de semana fue un ejemplo del talante venezolano, que a pesar del bombardeo constante del régimen, a pesar de las amenazas a la libertad, a pesar del hambre, de la escasez, de la frustración porque cada vez el salario vale menos, salió a poner su huella como símbolo de rebeldía. Este fin de semana cada huella para la validación de los partidos políticos fue un grito de libertad.

Más que apoyar a una organización política este fin de semana los venezolanos salimos a renovar nuestra convicción democrática y a decirle a la dictadura que estamos cansados de sus arbitrariedades.

Con cada huella le dijimos a Maduro y su cúpula que la democracia no se mide en número de elecciones, sino en el respeto a la voluntad del pueblo, en el respeto a la pluralidad que representan las organizaciones políticas que hacemos vida en Venezuela.

Hace una semana, desde Primero Justicia, anunciamos que colocábamos a un lado nuestra intención de validar para sumarnos al esfuerzo de reinscribir la tarjeta de la Unidad Democrática, la que mayor votación ha obtenido en la historia del país.

Lo hicimos como un testimonio de unidad y para avanzar en el relanzamiento de la plataforma unitaria. Lo hicimos porque estamos convencidos de que el camino para rescatar a Venezuela es la UNIDAD.

Sin embargo, en un nuevo atentado contra la expresión popular el brazo judicial de régimen anuló la tarjeta de la MUD y ante ese acto ilegal, a apenas unas horas del proceso, colocamos nuestra tarjeta a la orden de la unidad, desconociendo la írrita sentencia.

El fin de semana, a pesar del prácticamente escaso aviso y de las trabas habituales del CNE, que entre otras cosas limitó el número de máquinas en los puntos de validación, la respuesta del pueblo fue extraordinaria y sabemos que incluso será superada en las jornadas de reparación que tendrán lugar el 3 y 4 de febrero a las que podrán acudir quienes no pudieron expresarse este fin de semana.

En Primero Justicia tenemos un compromiso con los venezolanos, con la lucha de cada mujer y cada hombre que se esfuerza por sacar a su familia adelante y hace lo inimaginable por tratar de llevar algo de comer a sus hijos.

Esta crisis, la más grande de nuestra historia, tiene un responsable, que no conforme con habernos hundido en esta situación, pretende reelegirse seis años más; que juega con el hambre de nuestra gente y quiere seguirlo haciendo.

Los venezolanos tenemos que plantarnos ante sus pretensiones, que no son más que una burla descarada a nuestro pueblo más necesitado.

Unidos hemos obtenido grandes logros y solo en unidad podremos alcanzar la Venezuela que soñamos, una donde nuestros niños no pasen hambre, donde nuestros enfermos no mueran de mengua por culpa de un gobierno indolente.

Demostremos al régimen y al mundo que este país no se doblega y seguirá bregando para rescatar sus derechos elementales y su democracia.

Mantengamos viva la lucha, rescatemos la esperanza, démonos la oportunidad de conformar un contundente movimiento unitario que nos permita comenzar a cambiar esta terrible realidad que estamos viviendo.

¡Vamos el próximo fin de semana a continuar validando nuestro compromiso con Venezuela!

Venezuela cuenta con sus mujeres

“No esperes que llegue un líder; hazlo tú mismo, persona a persona. Sé fiel a las cosas pequeñas, pues en ellas reside tu fuerza”. Madre Teresa

Comedor2Vivimos tiempos de reinventarse, de repensarse como ser humano, como mujer, como servidor público y como mujer en la política. Son, indudablemente, tiempos extremadamente difíciles que jamás imaginamos vivir.

Son precisamente estos, los momentos que nos colocan en la encrucijada de quedarnos contemplando y lamentando las circunstancias, o de ver una oportunidad para construir sobre ellas. Toda mi vida me he inclinado hacia la segunda opción y esta vez no será la excepción.

Circunstancias adversas como las que vivimos, son una oportunidad para convertirnos en mejores personas, para aprender más y para ser mejores servidores públicos.

¿Acaso no es ese el propósito de la vida, aprender a diario, ser cada vez mejores personas y acercarnos a Dios con nuestras acciones? Al menos en mi caso, eso es lo que le da sentido a mi existencia.

Vengo de muchos años en la administración pública, ocho en la alcaldía de Baruta, siete como secretaria de gobierno de Miranda y uno como diputada a la Asamblea Nacional. Con esa experiencia y en el contexto nacional que todos conocemos, no puedo sino volver a plantearme las preguntas que uno se hace cuando se halla en un punto de inflexión: ¿cómo puedo hacer más? ¿cómo puedo servir mejor? ¿qué necesito aprender? ¿cómo puedo ser mejor persona?

Cuando uno está en la búsqueda de respuestas más temprano que tarde aparecen señales que nos van señalando el camino. Y recientemente entré en contacto con un montón de información que me ha marcado un nuevo rumbo.

La oportunidad de profundizar en el tema del género y la realidad que viven las mujeres en nuestro país, se me presentó justo en el momento en que la curva atraviesa la tangente. Ese momento cuando se requiere redescubrir la pasión y salirse de la zona de confort para quedarse por un tiempo en una nuevo foco en el que persistir, en el que trabajar para construir, para cambiar y para aprender.

Reconozco que siempre me enfrenté al tema de las mujeres desde una perspectiva muy personal. Siempre dije: “soy mujer y nunca he tenido ninguna limitación”. Es cierto que he sido una mujer privilegia por mi familia. Desde niña tuve muchas oportunidades y he podido desarrollar mis propias capacidades.

Siempre asumí el compromiso de trabajar con un sentido social y los últimos años he tenido además el privilegio de ser parte del equipo de Henrique Capriles, quien jamás me puso límites por el hecho de ser mujer. Henrique es así, promotor del trabajo y desarrollo de las mujeres porque le viene de su madre, de la extraordinaria Mónica a quien quiero, conozco y admiro.

Sin embargo, hace un par de semanas tuve la oportunidad, como diputada, de formarme con parlamentos sensibles al género. Allí comencé a descubrir y a entender un mundo maravilloso de mujeres que luchan por los temas de igualdad y equidad (hay un mundo de diferencias entre esas dos palabras).

Encontré el foco dónde poner mi atención. Es allí hacia donde debo orientar mi trabajo. No son pocos los retos que plantea la situación de las mujeres en nuestra Venezuela. Me atrapó de tal manera el tema, que esta semana estaré haciendo un taller de empoderamiento.

El informe “Mujeres al límite: El peso de la emergencia humanitaria: vulneración de los derechos humanos de las mujeres en Venezuela”, desarrollada por CEPAZ, AVESA, la Asociación Civil Mujeres en Línea y FREYA, muestra las gravísimas consecuencias que tienen sobre las mujeres el déficit democrático, la crisis social, económica y política sin precedentes que padece nuestro país.

Realmente estamos ante un terrible proceso de feminización de la pobreza y no es únicamente un asunto de rezago histórico y cultural de los temas de género.

Hoy, las venezolanas llevan la carga más dura de la tragedia que vivimos en nuestro país (allí están las estadísticas que lo comprueban) y al mismo tiempo no tengo dudas de que seremos nosotras las que nos echaremos al hombro y la espalda todo lo que haga falta para salir de donde estamos y construir el país que soñamos.

No me refiero sólo al trabajo físico, ese de echarle pichón contra viento y marea y trabajar duro para sacar a los hijos y a la familia adelante, sino también al trabajo que tenemos que hacer como venezolanas, en un país dominado por un régimen sin valores, que es un reflejo de lo peor de nuestra sociedad.

En este preciso momento, además de tener acceso a las cifras de este exhaustivo estudio de Mujeres al límite, se me ha presentado la oportunidad de trabajar en el proyecto de alimentar la solidaridad para llevar comida a niños que están en riesgo de desnutrición. Proyecto que construimos con mujeres, de esas que no se quedan en la queja, que ponen el hombro y son ejemplo de SOLIDARIDAD y de LUCHA. Definitivamente Dios le pone a uno las cosas en el camino y siempre está allí para guiarnos.

Hoy me siento privilegia de ser parte de esta iniciativa que tiene a las mujeres como principal motor. Son mujeres que con el soporte del programa hoy cocinan con entusiasmo y ponen lo mejor de sí para que los niños puedan comer.

Ellas son las que hacen la diferencia, son las que más se esfuerzan para que esto salga bien. Ellas son las que tienen en sus manos la fuerza y la posibilidad de hacer que sus vidas cambien. Sólo ellas pueden decidir aprovechar la oportunidad de desarrollarse, de crecer y de explotar al máximo sus propias capacidades.

Lo he visto, lo he vivido y lo he entendido en todos estos años de trabajo en nuestras comunidades mirandinas y estoy segura que en nosotras, LAS MUJERES, está el futuro de nuestra Venezuela.

Venezuela cuenta con sus mujeres. Que Dios las bendiga y les dé la fortaleza para seguir construyendo a pesar de los obstáculos y de la adversidad.

Crisis con rostro de mujer

DK0VgRtXUAA9Lr7Inicio estas líneas reconociendo que en mi vida no le he dado especial atención al tema del género. Como mujer, como madre y servidora pública he procurado abordar con la mayor amplitud la situación de injusticia, pobreza y vulnerabilidad que se vive en Venezuela.

Pero es un hecho que los problemas que afectan particularmente a los más vulnerables, se agudizan al hacer foco en las mujeres venezolanas.

Recientemente leí el informe “Mujeres al límite: El peso de la emergencia humanitaria: vulneración de los derechos humanos de las mujeres en Venezuela”. Allí se desnuda la realidad que viven nuestras mujeres en las distintas edades y facetas de su vida.

La investigación, desarrollada por CEPAZ, AVESA, la Asociación Civil Mujeres en Línea y FREYA, muestra las gravísimas consecuencias que tienen sobre las mujeres el déficit democrático, la crisis social, económica y política sin precedentes que padece nuestro país.

El estudio evidencia que el llamado “Socialismo del Siglo XXI” se ha quedado en una retórica de engaños y ha permitido, y hasta propiciado, condiciones violatorias de los derechos humanos de las venezolanas, cualquiera sea su edad.

La página del Ministerio del Poder Popular para la mujer y la igualdad de género, muestra unos objetivos “históricos” y rimbombantes: “erradicar el patriarcado como expresión del sistema de opresión capitalista, construir el socialismo feminista, y en definitiva fortalecer la Revolución Bolivariana Socialista”. Queda supeditada la autonomía y los derechos de la mujer al establecimiento de relaciones clientelares e ideológicas.

Se ha alimentado un monstruo burocrático en torno a los derechos de la mujer. Hay avances en la legislación, pero la falta de acción, convierte todo enunciado en letra muerta. Mucha narrativa oficial hueca y degradante, carente de resultados.

La precaria situación del país es un bombardeo constante a los derechos de toda la población pero especialmente de las mujeres.

Diversidad de factores, como los controles de precios y de cambio, han empobrecido al pueblo. Según la Encuesta Condiciones de Vida (ENCOVI), el 82% de los hogares se encuentran en condición de pobreza y 51% en pobreza extrema. La pobreza general que en 2015 se ubicaba en 49,9%, pasó para 2016 a 82%. El precio de la canasta alimentaria crece sin parar. En septiembre se requería un salario mínimo diario, más de 130 mil bolívares, para cubrirla.

Todos los indicadores generan alarma, el poder adquisitivo sigue cayendo y el FMI habla de una inflación proyectada de 2.068 % para el 2018.

El impacto de esta crisis sobre las mujeres es abrumador y el estado no garantiza sus derechos. Escasez de anticonceptivos, insumos de higiene personal y alimentos, deficiencias en la atención de las embarazadas, obstáculos para acceder a la justicia, es lo que enfrentan las venezolanas.

No se exagera en el informe al aseverar que en Venezuela se está feminizando la pobreza. Es en la población femenina donde se da el mayor aumento del desempleo y la pobreza. Son las mujeres las que más sufren por la escasez de alimentos y medicinas, que buscan para sí mismas y para su familia.

Según el Boletín de Indicadores de Género de 2013, antes de que se acelerara el deterioro económico, por cada 100 hombres en pobreza, había 107 mujeres, mientras que por cada 100 hombres en pobreza extrema, había 112 mujeres.

En 20 años el número de hogares con jefatura femenina, pasó de 24% a 39% y la tasa de pobreza en hogares con mujeres como cabeza del hogar es superior en 6 puntos al promedio del país, cifra que aumenta en el caso de mujeres solas con hijos.

Continuando con el estudio, entre diciembre de 2014 y el mismo mes de 2015, la desocupación femenina aumentó tres veces más que la masculina. No extraña si se considera que el 99,48% de quienes salieron del mercado de trabajo fueron mujeres.

A este cuadro se suma que las mujeres ganan 18% menos en promedio que los hombres, diferencia que puede llegar a 60%.

En el día a día las mujeres están más expuestas a los mecanismos de corrupción, abuso y extorsión relacionados con la búsqueda de alimentos y productos básicos. Es el caso de los CLAP, que ha sido denunciado por usuarios y organizaciones de la sociedad civil.

Según el informe las mujeres sirven de “amortiguadores del deterioro alimentario familiar”: dejan de comer para rendir los alimentos, inclusive sacrifican la alimentación de las mujeres ancianas y de las niñas para favorecer a los varones. De cada 100 niños con retardo en el crecimiento por déficit nutricional crónico, 53 fueron niñas y 47 fueron niños.

Datanálisis refuerza esta información. Según un estudio reciente más del 50% de los hombres consume 15 alimentos, mientras las mujeres sólo consumen 12. Además refleja que los hombres consumen alimentos más nutritivos, mientras las mujeres consumen mayormente calorías baratas y de menor valor nutricional, lo que las coloca en un riesgo mayor de deterioro de su salud.

Según Cáritas hasta en un 80% de los hogares se ha disminuido el consumo y variedad de los alimentos, y es la mujer la que deja de comer en el 60% de los hogares.

En cuanto a la escasez, para agosto la general se ubicó en 52%, mientras que la de alimentos y bebidas no alcohólicas fue de 73,4%. En consecuencia  las colas no cesan y tampoco la peregrinación por alimentos, que en mercados informales cuestan hasta 71 veces más que el precio regulado.

Las mujeres llevan las de perder, son ellas las que, en su mayoría, dedican hasta 14 horas de cola semanales para adquirir productos regulados, exponiéndose a situaciones de inseguridad y violencia incluso de manos de los cuerpos de seguridad. Entre junio y julio de 2016 se reportaron casos de mujeres, incluso embarazadas, agredidas por oficiales de la Guardia Nacional mientras hacían cola para adquirir alimentos.

Todos los datos nos muestran la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la venezolana en relación con el derecho a la alimentación, así como el impacto en su calidad de vida y su salud.

Este dramático cuadro no sólo requiere medidas urgentes de las autoridades venezolanas sino el apoyo de la comunidad internacional.

Debemos ocuparnos de restaurar los derechos de todos los venezolanos pero especialmente debemos subsanar la distorsión que surge de las diferencias de género.

La mujer venezolana es luchadora por naturaleza y no podemos permitir que la desesperanza la paralice. Necesitamos la reinstitucionalización del país y autoridades que pongan a la mujer como prioridad.

Revertir la situación pasa por corregir los factores que nos han conducido a la peor crisis de nuestra historia. No hay soluciones fáciles pero sigo convencida de que juntos podemos lograrlo.

¡Nuestras mujeres y nuestra Venezuela valen el esfuerzo!

El desafío de reconstruir a Venezuela

CrisisectricaHoy es día del Urbanista y el desafío que enfrentamos actualmente quienes elegimos esta profesión es inédito. Los venezolanos vivimos la peor crisis institucional, social y política de nuestra historia, una que no imaginamos ni al plantearnos el peor de los escenarios para nuestro amado país.

Por años hemos sido testigos de un proceso multidimensional de destrucción que se hace evidente en nuestras ciudades, en cada espacio y en cada aspecto de la vida de sus habitantes, quienes nunca anticiparon el sufrimiento y la penuria que hoy padecen.

La dimensión de esta crisis nos da la medida del desafío que se nos plantea en nuestras ciudades y centros poblados. Pero hablamos de retos que no conocemos con exactitud cómo enfrentar.

Hoy en nuestra Venezuela vivimos lo que un amigo y colega bautizó como #OsteoporosisUrbana, la cual comienza con la desintegración de las instituciones creadas para la construcción, soporte y mantenimiento de la infraestructura urbana.

El transporte público ha ido desapareciendo, sumido en un círculo vicioso de destrucción. Sus usuarios son cada vez más pobres y no hay quien pueda pagar el aumento de los pasajes para trasladarse en unidades que, en su mayoría, se han convertido en chatarras rodantes. Los transportistas están arruinados y ya no tienen forma de prestar el servicio. Sus unidades se deterioran por la falta de repuestos y el incremento desmedido de los precios.

La triste realidad es que ya no hay sistema de transporte público que funcione, hay lugares donde vemos camionetas de carga convertidas en transporte de pasajeros. Mientras tanto el Metro, un sistema que fue modelo de eficiencia, se encuentra colapsado, ya no le quedan vagones, no hay escaleras mecánicas que funcionen en las estaciones y no hay frecuencia que cubra la demanda, a pesar del desmesurado aumento de la migración.

También se ve deteriorada la red vial, ya no hay semáforo que funcione, las calles, avenidas, autopistas y carreteras se encuentran abandonadas y arrastran a los vehículos que por ellas circulan. Ya desapareció la vialidad agrícola y no hay forma de traer los productos de lo que queda de producción a las ciudades.

El mismo fenómeno se repite con los servicios públicos, cuyas redes se encuentran destruidas. No hay quien sustituya o mantenga las tuberías de los acueductos y la consecuencia es que hay poblaciones a las que no llega una gota de agua.

Las redes de electricidad están sufriendo el mismo destino. Ya no hay ni generación ni distribución eléctrica. Y qué decir de la telefonía y de las redes para la conexión de internet.

Si pasamos al campo de la vivienda, no hay quien pueda mantenerlas, no importa si son los dueños o los ocupantes, no hay recursos que alcancen ni para las reparaciones o mejoras más elementales y mucho menos para ocuparse del entorno. Aún cuando los vecinos quieran asumir las mejoras en sus comunidades, el tiempo no alcanza porque se va en peregrinar en búsqueda de alimentos y medicinas y ahora hasta de efectivo.

En las viviendas multifamiliares, no funcionan los ascensores, los portones de seguridad, la impermeabilización de los techos, los ductos de basura, los hidroneumáticos para el agua.

En fin, cuando en el resto del planeta se habla de #ResilenciaUrbana, para prepararse y resistir las catástrofes naturales, a los venezolanos nos golpeó una catástrofe política e institucional para la que no estábamos preparados, por la acción sistemática de un régimen que destruye todo a su paso, en un ciclo perverso que se acelera cada vez más.

Pero los venezolanos no estamos condenados a vivir en la penuria. Si países enteros se han recuperado luego de ser arrasados por desastres naturales y guerras, nosotros debemos pararnos firmes ante el reto de reconstruir nuestra patria. Estamos obligados a pensar, a proponer, a estudiar y a soñar. Aún en medio de la oscuridad, de la hiperinflación, del hambre y de la destrucción debemos comenzar a trazar la ruta de la reconstrucción.

Ese es el desafío para los venezolanos, ese es el desafío para los #Urbanistas, que nunca la hemos tenido fácil. Debemos rescatar a nuestra Venezuela y la única posibilidad que tenemos los urbanistas de ejercer nuestra profesión empujando en esa dirección es involucrarnos en el cambio social, político e institucional que pide a gritos nuestra Venezuela.

Hoy, además de todo mi reconocimiento, hago llegar a los urbanistas un llamado para que nos sumemos a la tarea de reconstruir a Venezuela.

Voto, voto y más voto

Maduro y sus candidatos saben que los que qu20170723eremos cambio somos mayoría. Por eso le tienen miedo al voto y recurren al disparate de impedir las sustituciones de candidatos para las elecciones regionales.
Quieren sembrar desesperanza y confundir al elector porque saben que podemos ganar la mayoría de las gobernaciones si salimos masivamente a manifestarnos electoralmente contra su trampa, su manipulación, su corrupción, contra el hambre, la inseguridad, la destrucción del salario, la crisis de salud y contra todo lo que esté relacionado con el peor gobierno de la historia de nuestra Venezuela.
Para sortear este nuevo invento del Consejo Nacional Electoral, la Unidad está organizada y desplegada enseñando a los venezolanos cómo votar por cada uno de nuestros candidatos.
Todos debemos convertirnos en multiplicadores de la importancia de votar y también de cómo votar por los candidatos de la Unidad para que no se salgan con la suya al impedir la sustitución de candidatos en el tarjetón. Pongamos a funcionar nuestras redes y radio bemba, para que todos sepan que para votar por el candidato de la Unidad, hay que ubicar la cara y nombre de los elegidos en primarias y los designados por consenso.
Esta nueva artimaña lo que busca es confundir y desmovilizar, pero estamos seguros de que causará el efecto contrario y que los venezolanos responderemos con votos, votos y más votos, porque sabemos que con gobernaciones lideradas por demócratas estaremos más cerca del cambio político.
A este régimen lo vamos a derrotar con votos. Ocho de cada diez venezolanos quiere votar en las regionales. Cada manifestación de voluntad contra Maduro y sus abanderados es un grito que le dice al mundo que queremos cambio, es un escudo para defendernos de este régimen cobarde y mentiroso y un escalón más en el camino para recuperar nuestra democracia.
Mientras más venezolanos vayamos a expresarnos contra el régimen más le dificultamos su objetivo de destruir a nuestra amada Venezuela. ¡Si participamos ganamos!
Lo que más desea Maduro es que los que queremos cambio no votemos y cada intento que hagan para lograrlo se estrellará contra la voluntad de un pueblo que no le va a dar el gusto al régimen. El voto es nuestro derecho, es el arma de los demócratas y no quieren que la usemos.
Abstenerse es retroceder. No votar sería tirar por la borda meses de lucha, sería abandonar nuestros esfuerzos por la restitución de la democracia y de la libertad. Claro que hay frustración, claro que hay tristeza, pero tenemos muchas razones para salir adelante y tenemos en nuestras manos el reto de aprovechar el momento de mayor debilidad del gobierno para mantenernos unidos y demostrarle que a pesar de sus esfuerzos por dividir, de sus esfuerzos por distraer y manipular, estamos decididos a mantenernos en la lucha, en cada terreno en el que nos toque, para defender nuestra patria.
Como dice Henrique Capriles, no se conoce en el mundo ningún caso en el que una dictadura haya sido derrotada con abstención electoral. Debemos convertir las elecciones regionales en un acto de rebeldía que demuestre que somos más.
A Miranda no volverán los que hundieron a Venezuela. Este 15 de octubre los mirandinos vamos a votar para que nuestro estado siga siendo referencia de progreso. Votando por Carlos Ocariz, abajo a la izquierda en la esquina, seguiremos unidos defendiendo la democracia.
La Constitución ha sido y debe seguir siendo nuestra guía. Cada voto es una manifestación a favor de la Carta Magna y en contra del régimen corrupto que quiere perpetuarse en el poder. Los demócratas siempre tomaremos vías constitucionales para resolver los problemas.
Los venezolanos no vamos a permitir que sigan jugando con el hambre y la miseria. Votar es no ceder espacios, no es la solución definitiva pero es un paso en el camino hacia el cambio.
Luchar por Venezuela siempre valdrá la pena. El voto es nuestro y nadie nos lo va a quitar. Este 15 de octubre unidos daremos un paso más en la lucha por el cambio. ¡Sal y vota!