Sólo se enseña con el ejemplo

Ser mamá de dos muchachas es una gran alegría y una responsabilidad enorme. Mis dos hijas, Adriana Carolina de 21 años y Adriana Valentina de 16, hace seis años que no viven conmigo. Sí, desde que tenían 10 y 15 años se mudaron a El Cairo, Egipto con su papá.

Estuve casada durante 23 años con un ingeniero de petróleo y fueron muchísimas las mudanzas, los cambios. Recuerdo que cuando Adriana Carolina tenía nueve años había estado en seis colegios, en seis ciudades distintas, de dos países diferentes. La infancia, niñez y adolescencia de las niñas fue bastante particular. Cuando ambas nacieron estábamos siempre en algún lugar de paso por lo que preparar la habitación del bebé o tener lista una canastilla con ropita de encajes no era posible.

Cuando ellas decidieron irse a El Cairo, yo ya no quería volver a mudarme. En ese momento trabajaba en la Alcaldía de Baruta y ya había asumido que no tenía un trabajo sino que había encontrado una misión en mi vida. Había estado muy cerca del trabajo de Henrique Capriles y todo el equipo que lo ha acompañado desde el año 1999. La fuerza para seguir adelante trabajando por el cambio era muy poderosa.

También me había dado cuenta de que mi vida, mi existencia, tenía otro sentido si le dedicaba todo mi esfuerzo a servir a los demás. Era el comienzo de mi cuarta década de vida y estaba clara que lo que quería: en cualquier lugar en el que estuviera, en cualquier circunstancia que me tocase vivir, quería dedicarme a una tarea de servicio por quienes más lo necesitan.

Entonces un día “las Adrianas” me dijeron, con la madurez sobrevenida de unas niñas que crecieron entre mudanzas, idiomas, culturas y circunstancias: “mamá, nos queremos ir a El Cairo, queremos aprender árabe, conocer la cultura musulmana, vivir esa experiencia…” Su papá se había ido un año antes, sólo faltaba que yo las llevara.

Lo recuerdo como el día más triste de mi vida. Viajamos a El Cairo las dejé con su padre. Cuando venía de regreso a nuestro país, en uno de los vuelos, tuve a un ángel sentado a mi lado, era una señora que venía rezando al Espíritu Santo. Entonces estuve segura de que Dios, que siempre ha estado con nosotros, no nos iba a abandonar.

Finalmente, abrí la puerta de nuestra casa completamente vacía. Estaba triste, sola, pero llena de la convicción con la que he mantenido la fuerza para soportar la distancia y la separación: sólo se enseña con el ejemplo. No importa qué pueda decir uno como padre, no importa de qué estén hechas las palabras o cómo se pronuncien, sólo se enseña con el ejemplo.

Ser madre de dos mujeres implica la gran responsabilidad de demostrarles con mi vida que ésta sólo tiene sentido si se vive como uno piensa, si se es congruente con la misión que Dios nos encomienda. Si yo encontré el sentido de mi vida en el amor por lo que hago, ¿cómo podría abandonarlo? Si todos los días les digo que deben estudiar, aprender, ser buenas personas, ser libres, independientes, autónomas e ir tras el sueño de sus vidas, ¿cómo podría haber dejado yo el mío?

Adriana Carolina está por comenzar su tercer año de Economía con enfoque en Ciencias Políticas en Montreal, y Adriana Valentina aún vive con su papá, hoy mi ex esposo. Ellas hablan inglés, italiano, árabe, francés; son deportistas, estudiosas, libres de elegir lo que quieren y hacia dónde van. Estoy tan orgullosa.

Aún en la distancia, su amor y admiración por nuestro país permanece intacto, saben que ellas también tienen una misión que cumplir en su adorada Venezuela y se están preparando para cumplirla, inspiradas en las razones por las cuales me quedé: trabajar por nuestra gente, hacer posible una Venezuela de progreso para todos.

Las Adrianas
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4 comentarios en “Sólo se enseña con el ejemplo

  1. Mirian

    Excelente la Educacion es el secreto al Exito prepararse por un futuro Mejor y este mismo orden de ideas en crear esta conciencia en los hijos le pido con anhelo pueda ayudarme en que mi hijo Andres de 17 anos pueda ingresar a la universidad a Estudiar Medicina que es su sueno.

  2. Lisandro Alvarado

    Te felicito Adriana, desde lo más profundo de mi corazón te felicito: por ser como eres; por haber tenido la valentía de tomar esa decisión en su momento; por querer tanto a tus hijas como para hacerlo; por haber sacrificado tu comodidad familiar por tus ideales; por estar tan orgullosa de tus hijas; por el trabajo que sigues haciendo por nuestro pueblo; por seguir enseñando con el ejemplo; por ser tan responsable. Realmente me siento conmovido y no puedo más que enviarte un gran abrazo aunque sea cibernético.

  3. Mily Molina

    Admiro la expresión, para mi es uno de los derechos fundamentales de todo ser. Mi tía Rosa María, de 77 años de edad, desea por este medio descubrir lo que hay más atrás de cada palabra …
    M oral
    A mor
    J uventud
    U nión
    N acionalismo
    C apacidad
    H onorabilidad
    E cuanimidad
    Toda Venezuela lo es … CAPRILES PRESIDENTE ¡¡¡

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