Es momento de renovar nuestras esperanzas

Nuestra Venezuela no es un juguete y definitivamente su conducción no es un juego, aunque así parecieran creerlo Maduro y su combo. Medidas contradictorias, intempestivas, que no entienden ni sus propios autores, pusieron a los venezolanos, en plena Navidad, a dar vueltas como un trompo.

Aquí el único enemigo de Venezuela es el propio gobierno, que cada vez muestra con más desparpajo su odio  hacia nuestra gente. Si algo les doliera la situación que estamos viviendo, la canasta alimentaria familiar de noviembre no se hubiera ubicado en 460 mil 381 bolívares, y la cesta navideña no estaría en 321 mil 324 bolívares, lo que representa 11,9 salarios mínimos. ¿Cuántas familias venezolanas tuvieron este 24 de diciembre su cena navideña, si cada plato se calcula en más de 6 mil bolívares? Una familia de cinco miembros necesita más de 32 mil bolívares: es decir, más de un salario mínimo para la cena de Navidad.

Señores, entiendan que nuestra Venezuela no es un tablero y que los venezolanos no somos fichas que se mueven al son de los dados o del antojo de alguno que cree que tiene derechos sobre 30 millones de almas.

Este noble pueblo lo tiene clarito: que cada día sean más los venezolanos que pasan hambre, es culpa de Maduro. Por eso es necesario el cambio.

Este gobierno, en lugar de llevar prosperidad al pueblo, va por allí repartiendo pobreza y calamidad; señalando culpables, encarcelando personas inocentes, como hizo esta semana al imputar a nuestros compañeros Carlos García y Eduard Cogollo, por lo ocurrido en Guasdualito. Se creen con el derecho de decidir el destino de los venezolanos, cuando son  ellos quienes se deben a nuestro pueblo y quienes tienen que rendir cuentas por sus actos. Y así será; la justicia les llegará aunque ellos se crean intocables.

El gobierno trata de distraer la atención con sus cuentos chimbos, pero la verdad siempre sale a la luz, quedando en evidencia su ineptitud, esa que está dando a los venezolanos la peor navidad que puedan recordar. Pero no nos dejemos caer en la desesperanza: todos estos son más motivos para seguir luchando por el cambio, para que este 2017 encontremos el camino que nos lleve a ese futuro de progreso que soñamos.

Que estos días de unión familiar nos permitan reflexionar, nos den fortaleza y renueven nuestras esperanzas. Ese es el mejor regalo que podemos darle a nuestra Venezuela.

¡Que Dios bendiga a nuestro amado y noble pueblo!

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