El delito de pensar distinto

No podemos permitir que la criminalización a quien piensa distinto se convierta en algo cotidiano, en algo que deje de sorprendernos. Un solo venezolano perseguido por pensar distinto es intolerable. Lamentablemente ya son muchos los que se encuentran en esa situación, incluso privados de libertad. No podemos, no debemos, bajo ningún respecto, como servidores públicos, como ciudadanos, como venezolanos, como seres humanos, acostumbrarnos a esta vergonzosa situación.

Hoy quiero referirme a Antonio Rivero, cuya detención el pasado 27 de abril, me conmovió especialmente. Tuve oportunidad de conocer a Antonio cuando él era Director Nacional de Protección Civil y yo era Directora General de la Alcaldía de Baruta y puedo afirmar, con propiedad, que se trata de un Servidor Público con mayúsculas, que ve a las personas y sus necesidades y no sus diferencias políticas. A lo largo de mi ejercicio en Baruta y luego en Miranda coincidimos en diversidad de oportunidades, en cada una de las cuales pude observar su entrega al trabajo por el pueblo y su compromiso.  Sé que son muchos quienes me acompañan en el sentimiento de respeto y aprecio hacia Antonio Rivero. No son pocas las expresiones de admiración hacia su trabajo que se pueden leer y escuchar desde que se conoció de su injusta y arbitraria detención.

Antonio no merece lo que está viviendo, ninguno de los detenidos y perseguidos por razones políticas merecen lo que están viviendo. Nuestra Venezuela no merece que historias como esta se mantengan y multipliquen. No podemos permitir que nuevos nombres se sumen a la lista de perseguidos por pensar diferente.

Hoy los venezolanos no sólo estamos preocupados por Antonio y por quienes viven situaciones similares en el país, nos angustia que estas arbitrariedades estén ocurriendo, nos preocupa que el miedo a hablar se haga cotidiano. Esa no es la Venezuela que queremos, esa no es la Venezuela que soñamos.

Antonio, al igual que su madre, se encuentra en huelga de hambre desde hace más de 265 horas. En un país donde las instituciones están secuestradas y no se escuchan razones y se hace caso omiso de pruebas y testigos, la huelga de hambre se convierte en el último recurso.

Por eso, cada día, debemos recordar que Antonio, hombre de paz, servidor público ejemplar, está privado de libertad sin haber cometido delito alguno. Cada día debemos recordar que mientras él se encuentra detenido injustamente y apela a una huelga de hambre para llamar a la reflexión, quienes realmente atentan contra la tranquilidad de los venezolanos y enlutan a cientos de familias, se encuentran libres, se les envían emisarios para dialogar y hasta se les ha concedido el derecho de palabra en actos de gobierno.

Los venezolanos debemos continuar exigiendo el retorno de la institucionalidad, el retorno del respeto por quien piensa distinto, el retorno de la justicia.

¡Venezuela Somos Todos!

En términos numéricos, los resultados del 14 de abril reflejan una Venezuela dividida en dos mitades. Pero estas cifras, no necesariamente reflejan una realidad. Es innegable que la alternativa del oficialismo tiene seguidores, pero también lo es que un número de votos imposible de cuantificar, se dio producto de los abusos, los chantajes y presiones del Estado sobre sus empleados y beneficiarios de los programas gubernamentales. Aún así, seguimos hablando de un país donde, desde el punto de vista político-electoral, no existe una mayoría contundente que se imponga sobre otra. Y es que aunque la hubiera, esa realidad no implica que un venezolano es distinto de otro. No implica que un venezolano es mejor o peor. No implica que un venezolano tiene más o menos derechos. No implica que un venezolano hace más o menos por el país. Los venezolanos que votaron por nuestra opción, los que votaron por  la otra, o por ninguna de estas, o los que simplemente no acudieron a la cita electoral, tienen los mismos derechos, los mismos deberes, las mismas preocupaciones, las mismas necesidades.

Nuestro llamado es a que los venezolanos nos reencontremos, porque aquello que nos une es mucho más importante que aquello que nos separa. Tenemos razones para abrazarnos. Sin ir muy lejos, nuestra selección Vinotinto, nos une en un grito común, pero también nos recuerda, que trabajando en equipo se pueden alcanzar logros que parecían impensables. Tenemos que comenzar por reconocernos por encima de las diferencias políticas. Los venezolanos tenemos que unirnos para luchar juntos contra la inseguridad, contra la inflación, contra la escasez, contra el desempleo y para construir juntos un país pleno de oportunidades para todos, donde podamos dormir tranquilos.

Miranda es ejemplo de que sí es posible un gobierno que trabaje para todos, sin distingo de ningún tipo. Quienes queremos un país mejor somos más y quienes tenemos la responsabilidad de gobernar tenemos el compromiso de ofrecer soluciones para todos los venezolanos.

Hay que dejar de lado las divisiones. El pueblo quiere que se resuelva el conflicto político y que se atienda la crisis social y económica que el gobierno intenta tapar inventando enemigos y conspiraciones. Nuestro compromiso es encontrar las respuestas y crear las condiciones necesarias a través del respeto y el reconocimiento del otro. Más temprano que tarde será atendida la invitación que nos extendió el Papa Francisco, con la cual cierro estas palabras: “Invito al querido pueblo venezolano, de manera particular a los responsables institucionales y a los políticos a rechazar con firmeza cualquier tipo de violencia y a establecer un diálogo basado en la verdad y en el mutuo reconocimiento, en la búsqueda del bien común y en el amor por el país”.

¡Venezuela somos todos! ¡Venezuela nos necesita a todos!