
Soy urbanista y he dedicado gran parte de mi vida profesional a algo que muchas veces se subestima en el diseño de políticas públicas: la implementación. No basta con tener una buena idea; hay que traducirla en hechos. Y para eso, hay que conocer el terreno, entender la política, y tejer alianzas duraderas.
Durante los años en los que fui directora de Planificación Urbana y Catastro, concejal y luego alcaldesa encargada del municipio Baruta, pude comprobar que la gobernabilidad se construye desde la calle, pero también desde la institucionalidad. En paralelo, como diputada a la Asamblea Nacional, impulsé una legislación nacional sobre integración de barrios basada en lo aprendido en Baruta. Ambas experiencias me enseñaron algo esencial: implementar es gobernar, y gobernar requiere convicción, técnica y estrategia
De la planificación técnica a la política urbana efectiva
Cuando asumimos la gestión en Baruta en el año 2000, decidimos dejar atrás el enfoque asistencialista que había predominado en la atención de los barrios. Apostamos por una visión integral que incluyera ordenamiento urbano, legalidad, participación y sostenibilidad económica. Implementamos planes especiales de integración de barrios con equipos multidisciplinarios y articulamos legalmente cada acción con nuevas ordenanzas municipales.
Logramos incorporar la regularización de la tierra como parte de una política urbana formal, y transformamos la manera en que se entendía el valor del suelo de los barrios: no como problema, sino como capital dormido. Nuestra apuesta fue clara: integrar es igualar. Y para eso, regularizar, planificar y dotar con visión de largo plazo.
Gobernabilidad y entorno político: el rol invisible que hace posible lo visible
Nada de esto hubiera sido posible sin una lectura atenta del entorno político. Implementar requiere construir acuerdos, incluso con quienes piensan distinto. La inclusión de los concejales, la comunidad organizada, los equipos técnicos y los actores privados fue clave para consolidar gobernabilidad.
Sin embargo, también enfrentamos sabotajes, desinformación y bloqueos por parte del poder central, que se resistía a cualquier avance autónomo desde las gestiones locales. La impugnación de nuestras ordenanzas, la negativa de registros de propiedad y la suspensión de transferencias presupuestarias fueron algunas de las múltiples trabas. Pero avanzamos. Porque cuando hay claridad en la visión, el liderazgo se impone.
Del municipio al parlamento: una propuesta legislativa basada en la experiencia
En 2016, como diputada, llevé esa experiencia a la Asamblea Nacional. Redactamos y promovimos la Ley para la Regularización de la Tenencia de la Tierra y Rehabilitación Integral de Barrios, inspirada en los avances de Baruta y Sucre. La ley fue aprobada, pero sabotaje institucional del régimen impidió su implementación.
Esa fue otra lección: las leyes pueden ser justas, pero sin voluntad política ni un Estado de derecho, no hay política pública que avance. Y sin implementación, las leyes son promesas vacías.
¿Qué aprendí como implementadora de políticas públicas?
- Sin instituciones fortalecidas, no hay gobernabilidad.
- Sin alianzas políticas, no hay avances sostenibles.
- Sin participación ciudadana, no hay legitimidad.
- Sin planificación con base técnica y legal, no hay integración posible.
- Y sin voluntad de Estado, no hay transformación.
Hoy, Venezuela necesita más que nunca mirar hacia sus barrios no con condescendencia, sino con respeto y visión estratégica. Las soluciones no vendrán del clientelismo ni de promesas vacías, sino de políticas públicas integrales, aplicadas con compromiso y conocimiento.
Implementar es mucho más que ejecutar: es liderar el cambio en contextos complejos, y hacerlo con herramientas jurídicas, planificación urbana y capacidad de tejer gobernabilidad. Esa ha sido mi vocación como urbanista y servidora pública.
Espero que más temprano que tarde, los cambios políticos en Venezuela y el retorno a la democracia, permitan que retomemos el trabajo de implementar políticas públicas efectivas y sostenibles para nuestro país.
La tristeza ha invadido los hogares de nuestra Venezuela. Nuestros niños lloran porque tienen hambre; nuestras mujeres lloran por no tener con qué alimentar a sus hijos; las madres sufren porque la enfermedad y la desnutrición están acabando con la vida de sus niños, que es su propia vida.
Nuestra Venezuela está malherida. Tiene un estado de deterioro generalizado. Expertos de distintas disciplinas, nacionales y de todos los rincones del mundo, coinciden en la gravedad de los males que la aquejan. Y el tiempo que ha estado sometida a tantos problemas, que se han ido profundizando, también ha afectado su espíritu, que es su gente.
“El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos. Su respeto y garantía son obligatorios para los órganos del Poder Público, de conformidad con esta Constitución, con los tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las leyes que los desarrollen”, así se lee en el Artículo 19 de nuestra Carta Magna.
“La igualdad de género es más que un objetivo en sí mismo. Es una condición previa para afrontar el reto de reducir la pobreza, promover el desarrollo sostenible y la construcción de buen gobierno”. Esta frase del exsecretario general de las Naciones Unidas y Premio Nobel de la Paz, Kofi Annan, señala un rumbo a seguir a los Gobiernos del mundo y Venezuela no es la excepción.

Vivimos tiempos de reinventarse, de repensarse como ser humano, como mujer, como servidor público y como mujer en la política. Son, indudablemente, tiempos extremadamente difíciles que jamás imaginamos vivir.
Inicio estas líneas reconociendo que en mi vida no le he dado especial atención al tema del género. Como mujer, como madre y servidora pública he procurado abordar con la mayor amplitud la situación de injusticia, pobreza y vulnerabilidad que se vive en Venezuela.
Hoy es día del Urbanista y el desafío que enfrentamos actualmente quienes elegimos esta profesión es inédito. Los venezolanos vivimos la peor crisis institucional, social y política de nuestra historia, una que no imaginamos ni al plantearnos el peor de los escenarios para nuestro amado país.