
Economía Alternativa


Hoy quiero compartir con ustedes lo complacida que me hizo sentir una noticia reciente: tres mujeres que han defendido los derechos y el fin de la violencia en Liberia y Yemen ganaron el premio Nobel de la Paz. Esto me reconforta. Me hace saber que muchas mujeres vamos por un camino correcto y me impulsa a seguir trabajando por el cambio que merece nuestro estado Miranda y nuestro país.
Tawakkul Karman, Ellen Johnson-Sirleaf (la presidenta de Liberia) y Leymah Gbowee, ganaron el premio por su lucha no violenta por la seguridad y los derechos de las mujeres a participar en las labores para construir la paz. ¡Bravo!
Leí que el comité seleccionador del Nobel, espera que el reconocimiento ayude a poner fin a la represión de las mujeres en muchos países, y a que el mundo se de cuenta del gran potencial para la democracia y la paz que podemos representar.

Y sí, tienen razón. Tenemos un gran potencial para la democracia, la paz y la construcción de comunidades, estados, países. Creo en la capacidad de la mujer, no sólo porque lo corroboro a diario con mis compañeras de trabajo, con las madres que conozco en el camino que transito junto al equipo de Miranda, sino, porque el paso del tiempo lo ha comprobado. Estamos ahí, en las sillas presidenciales, en puestos de gerencia, al mando del hogar, comandando luchas contra la violencia y pidiendo con acciones concretas la paz.
Este Nobel femenino, me hace recordar otro caso más cercano: las madres de Catuche.

Catuche es un barrio caraqueño donde la violencia le robaba la vida de sus hijos a las madres del barrio. Hasta el día que dijeron ¡ya basta! Se organizaron y cafè de por medio, conversan de los problemas del barrio, de los problemas de sus hijos, de su comunidad y de sus vecinos. Han hecho acuerdos con los jóvenes del barrio y las familias: no creer en chismes, conversar las cosas, no insultarse entre ellos.
¿No creen que les ha dado resultado? Pues las madres de Catuche han logrado que en 3 años no haya un sólo asesinato en el barrio. En 3 años nadie ha muerto por la magnífica intervención del amor de madre cansado de perder vidas cercanas. ¿No creen que es maravilloso?

Yo lo creo y aplaudo a todas las mujeres del mundo que se atreven a decir ¡ya basta!, que se atreven a luchar por una mejor vida, por lo que merecen.
Aplaudo a las mirandinas y a las venezolanas, a las ganadoras del Nobel y a las madres de Catuche.
Aplaudo lo reconfortante e inspirador del trabajo incansable de estas proactivas mujeres. ¡Que Dios les de larga vida y que se extienda en el mundo su labor y acción!
Adriana.
Es difícil de olvidar aquel día de noviembre del 2008, cuando un primer grupo de avanzada llegamos a la sede del gobierno del Estado Bolivariano de Miranda, anunciando que éramos los representantes del nuevo gobernador electo, Henrique Capriles Radonski.
Integrábamos la comisión de enlace para la instalación del nuevo gobierno y nuestra función era la de recibir del gobierno saliente, todos los bienes y activos de la gobernación y toda la información operativa necesaria.
Pocos días antes, alegría, júbilo y asombro, eran los sentimientos que se entremezclaban. En medio de la satisfacción consecuencia de la victoria, eran desconcertantes los mensajes y noticias de quienes veían incrédulos lo que estaban haciendo quienes iban de salida. «Están desapareciendo todo; se están llevando los vehículos; les están quitando los cauchos; los archivos se los llevan; las computadoras ya no están; transfieren recursos al gobierno nacional; firman cheques a la carrera; ya renunciaron todos los funcionarios de libre nombramiento y remoción».
Esa mañana entramos por primera vez a las oficinas de la casa de Gobierno Generalísimo Francisco de Miranda, ubicada en el Km23 de la carretera Panamericana. Las miradas de todos los funcionarios, la mayoría aún con sus camisas y franelas rojas, esperaban las nuevas decisiones. Medios oficiales habían promovido una oficialista campaña de miedo y desinformación: «van a despedir a todo el mundo, van a quitarle los recursos a los consejos comunales, van a sabotear las misiones, van a cambiar la bandera del Estado de nuevo».
Aún me parece que fue ayer cuando en el acto de toma de posesión el gobernador Henrique Capriles Radonski anuncia mi designación como secretaria de Gobierno. Horas más tarde estaba pautada la entrega formal del Gobierno en la Casa Amarilla, sede oficial de la oficina y residencia del Gobernador. Allí en pleno centro de Los Teques, en nuestra capital estaban sobre una mesa de unos diez metros de largo, docenas de cajas blancas con el nombre de la dirección o instituto anotado con marcador negro: Instituto de Vivienda, Dirección de Desarrollo Social, Secretaría de Gobierno, Corporación de Turismo, Instituto de Infraestructura. Así hasta sumar más de 60 cajas cada una con la «entrega formal». Todos sus directores y presidentes de institutos habían renunciado y dejado su respectiva cajita con un manojo de llaves y dos carpetas contentivas del Acta de Entrega. Nadie para explicar nada, nadie para aclarar.
Como secretaria de Gobierno designada por el Gobernador, me tocó recibir un gobierno en cajas. Todo estaba preparado para que no se entendiera nada; para que las llaves no abrieran ninguna puerta; para que los vehículos, los que habían dejado, no

prendieran; para que no se pudieran pagar las nóminas de los trabajadores; para que no se supiera en dónde estaban las cuentas; ni los registros de bienes; ni los expedientes administrativos. Solo cajas.
Días después de trabajar día y noche, con todo el equipo designado por el nuevo Gobernador y con la mayoría de los trabajadores de Miranda dispuestos y colaborando, estos comenzaban a comprender lo que significaba un gobierno para todos por igual. No se dieron despidos por creencias o posiciones políticas, nunca los hubo. Algunos de los representantes de los consejos comunales se mantenían remolones pero la mayoría al poco tiempo estaba, como era de esperarse, trabajando por mejorar las condiciones de vida de su gente, sin pensar en colores políticos.
Con las cuentas más claras y las denuncias formuladas ante los órganos correspondientes, comenzamos un gobierno escaso en recursos, pero rico en ideas y con la única misión de llevar progreso a Miranda.
*Este artículo fue publicado en El Universal
La tecnología resulta hoy día un motivo de distracción del momento presente, pero para mí significa -lo que para muchos- una posibilidad infinita de cercanía. No sólo con mis hijas, amigos y familiares que están fuera del país, sino con los mirandinos, esos por quienes me levanto todos los días a las 5a.m. sin importar la hora en la que duerma, esos en quienes pongo mi fe y mi esfuerzo.
El teléfono celular es una bendición y, a diferencia de muchos empresarios y líderes políticos, tengo uno solo. Sí, tengo un solo teléfono, el mismo por donde llamo a mis hijas, por el que recibo el mensajito de «cambio de planes» del Gobernador o un ¿cómo estás? de mi mejor amiga. Y a diferencia de lo que muchas veces hacemos las mujeres para despachar alguna conquista, yo voy dando mi número a quien lo necesite, en cada acto público, en cada entrega de insumos, certificados, en cada supervisión de planes, en cada rincón del estado Miranda está mi número de teléfono, el de verdad, no al que se la cambia un número para evitar la cercanía.

Les cuento que mi celular es una amigo incondicional de la gestión del cambio, de vez en cuando le da un ataque y se paraliza, y entramos esa relación pasión odio que todos tenemos con nuestros aparatos electrónicos más utilizados «¿otra vez? no, ahorita no me hagas esto, reacciona por favor», él -como todos- finalmente reacciona, y entonces puedo contestar al menos los 350 mensajes de texto diarios que me llegan de mi gente, de la Sra. Engracia que necesita trabajo para su esposo, de Daniel José un niño agradecido que acaba de empezar clases y estrena su bulto con útiles escolares otorgados por la Gobernación, del Sr. Miguel que denuncia una vía en mal estado cerca de su casa… de ellos, de todos, de los mirandinos.
Sí, a diferencia de muchos, yo soy la que atiende el teléfono y contesta día a día los mensajes de texto de más 350 mirandinos con alguna petición, inquietud, denuncia o -mi gasolina- un agradecimiento por confirmar que sí, que en Miranda sí llega el cambio es para todos por igual.
Gracias, gracias por sus letras, por su confianza, por su cercanía. Gracias por dejarme ser parte de la solución.
Otrora una hacienda llamada La Popa, Aramina La Popa, es hoy una de esas poblaciones ubicadas en lo que llamo Miranda adentro. Si, así es nuestro estado, nos alejamos unos minutos de los centros urbanos y enseguida estamos en los bosques húmedos y calurosos, de lo que conocemos como Barlovento.
Hablo de Aramina, porque a pocos días de iniciarse las clases, tuve la oportunidad de inaugurar junto a nuestro gobernador Henrique Capriles y a todo nuestro equipo de educación e infraestructura, la escuela Rosa Enríquez de Bandres.
Estando en el lugar confirmé una vez más que la educación es el camino.
Aramina es un pueblo pequeño y tranquilo, habitado por gente alegre, que en su mayoría se dedican a la agricultura y labores comerciales. Es la Miranda rural, la que provee de mandarinas, limones, aguacates y cacao, a buena parte de los venezolanos. La que tiene humedad de selva y temperaturas de 37 grados. En esta Miranda, la escuela es todo.
Rosa Enríquez, estaba ahí. Aunque da clases desde el 62, su espíritu no habla de su edad, al contrario, engaña a los años. Que alegría que la escuela lleve el nombre de uno de nuestros tantos héroes anónimos y en vida. Nuestros libertadores, héroes de otro siglo, ya han bautizado demasiadas plazas y liceos.
La escuela es nueva, digna, moderna. Es el palacio de Aramina, como dijo su director en el discurso inaugural. Mucho de la vida del pueblo girará alrededor de esta edificación. La institución ya existía, pero estaba abandonada, con fallas estructurales, grietas, goteras. Algunas aulas estaban clausuradas.
Hoy eso se acabó. En menos de un periodo escolar se construyó la escuela de nuevo. La construimos. La construyeron. Mucha

gente del pueblo participó activamente. Muchos se involucraron. Ahora es de ellos. No es de un partido, no es de un gobierno. Es de Aramina La Popa.
No solo es un edificio. Es la esperanza de los padres que llevan a los hijos a la escuela, muchos a darles la oportunidad que ellos no tuvieron. Es la alegría de los alumnos que van cada mañana. Luego será el recuerdo de un lugar en el que se formaron para el futuro. Fueron miles de horas aprendiendo de los libros y no de la calle.
El gobernador dice que la educación no puede ser un asunto de política. Aunque cada vez necesitamos más y mejores políticas de educación.
Aramina La Popa está más cerca del progreso y no precisamente porque se construyó una autopista.
Ser mamá de dos muchachas es una gran alegría y una responsabilidad enorme. Mis dos hijas, Adriana Carolina de 21 años y Adriana Valentina de 16, hace seis años que no viven conmigo. Sí, desde que tenían 10 y 15 años se mudaron a El Cairo, Egipto con su papá.
Estuve casada durante 23 años con un ingeniero de petróleo y fueron muchísimas las mudanzas, los cambios. Recuerdo que cuando Adriana Carolina tenía nueve años había estado en seis colegios, en seis ciudades distintas, de dos países diferentes. La infancia, niñez y adolescencia de las niñas fue bastante particular. Cuando ambas nacieron estábamos siempre en algún lugar de paso por lo que preparar la habitación del bebé o tener lista una canastilla con ropita de encajes no era posible.
Cuando ellas decidieron irse a El Cairo, yo ya no quería volver a mudarme. En ese momento trabajaba en la Alcaldía de Baruta y ya había asumido que no tenía un trabajo sino que había encontrado una misión en mi vida. Había estado muy cerca del trabajo de Henrique Capriles y todo el equipo que lo ha acompañado desde el año 1999. La fuerza para seguir adelante trabajando por el cambio era muy poderosa.
También me había dado cuenta de que mi vida, mi existencia, tenía otro sentido si le dedicaba todo mi esfuerzo a servir a los demás. Era el comienzo de mi cuarta década de vida y estaba clara que lo que quería: en cualquier lugar en el que estuviera, en cualquier circunstancia que me tocase vivir, quería dedicarme a una tarea de servicio por quienes más lo necesitan.
Entonces un día “las Adrianas” me dijeron, con la madurez sobrevenida de unas niñas que crecieron entre mudanzas, idiomas, culturas y circunstancias: “mamá, nos queremos ir a El Cairo, queremos aprender árabe, conocer la cultura musulmana, vivir esa experiencia…” Su papá se había ido un año antes, sólo faltaba que yo las llevara.
Lo recuerdo como el día más triste de mi vida. Viajamos a El Cairo las dejé con su padre. Cuando venía de regreso a nuestro país, en uno de los vuelos, tuve a un ángel sentado a mi lado, era una señora que venía rezando al Espíritu Santo. Entonces estuve segura de que Dios, que siempre ha estado con nosotros, no nos iba a abandonar.
Finalmente, abrí la puerta de nuestra casa completamente vacía. Estaba triste, sola, pero llena de la convicción con la que he mantenido la fuerza para soportar la distancia y la separación: sólo se enseña con el ejemplo. No importa qué pueda decir uno como padre, no importa de qué estén hechas las palabras o cómo se pronuncien, sólo se enseña con el ejemplo.
Ser madre de dos mujeres implica la gran responsabilidad de demostrarles con mi vida que ésta sólo tiene sentido si se vive como uno piensa, si se es congruente con la misión que Dios nos encomienda. Si yo encontré el sentido de mi vida en el amor por lo que hago, ¿cómo podría abandonarlo? Si todos los días les digo que deben estudiar, aprender, ser buenas personas, ser libres, independientes, autónomas e ir tras el sueño de sus vidas, ¿cómo podría haber dejado yo el mío?
Adriana Carolina está por comenzar su tercer año de Economía con enfoque en Ciencias Políticas en Montreal, y Adriana Valentina aún vive con su papá, hoy mi ex esposo. Ellas hablan inglés, italiano, árabe, francés; son deportistas, estudiosas, libres de elegir lo que quieren y hacia dónde van. Estoy tan orgullosa.
Aún en la distancia, su amor y admiración por nuestro país permanece intacto, saben que ellas también tienen una misión que cumplir en su adorada Venezuela y se están preparando para cumplirla, inspiradas en las razones por las cuales me quedé: trabajar por nuestra gente, hacer posible una Venezuela de progreso para todos.

Cuando eres madre, no hay absolutamente nada que pueda preocuparte tanto como un hijo sin comer. Ese sentimiento se hace extensivo cuando te encuentras a personas en situación de pobreza extrema.
En nuestro trabajo como equipo de la Gobernación de Miranda, hemos visto de cerca la pobreza extrema y vivido la satisfacción de poder ayudar a las personas, servir al Estado y por lo tanto al país. Sin duda ese lazo se fortalece cada día más y se traduce en nuestro compromiso de avanzar hasta lograr un Miranda donde el hambre quede en cero.
Hasta ahora, hemos atendido a 53 mil mirandinos en situación de pobreza extrema, lo que se resume en que, poco a poco, han cambiado su realidad productiva. Todavía queda camino por recorrer, pero el cambio es indetenible. Según las estadísticas, tenemos alrededor de 125 mil personas que sufren el hambre como problema y seguimos trabajando a pesar de que el gobierno nacional sigue adeudando recursos a nuestra entidad.
Hambre Cero, es una iniciativa integral de la Gobernación de Miranda que no sólo se ocupa del área alimentaria, también atiende necesidades de salud, educación, vivienda y empleo. En Miranda, hemos entregado tanques de agua, enseres, hemos hecho seguimiento a 668 casos en situación de desnutrición, incorporamos a casi 1000 niños en el sistema escolar y dictamos capacitación a adultos en edad laboral a más de 2 mil 200 personas.

En nuestro Estado, los mayores índices de pobreza extrema se encuentran en Barlovento, seguido por Valles del Tuy. En todo el estado hemos ayudado a 9000 hogares, y como los números suelen ser bastante gráficos, lo expondré de la siguiente forma, las familias beneficiadas son: 4 mil 234 en Barlovento, 2 mil 301 en Valles del Tuy, un mil 201 Altos Mirandinos, 572 del municipio Sucre, 478 de la región Guarenas- Guatire y 256 de la Zona Metropolitana.
Pero más allá de las cifras siempre recordamos que se trata de personas que están viviendo un cambio verdadero en su día a día. Recordar esto encontramos el impulso para seguir trabajando, sobre todo en las comunidades que más lo necesitan. Repito, queda camino por andar pero…no saben cuanta fuerza y voluntad queda para repartir, el cambio llegó y beneficia sin distingo y estoy orgullosa de formar parte del equipo que lo hace posible.

Los caraqueños esperamos ansiosos que La Carlota se convierta en un nuevo Parque Metropolitano. Lo esperamos desde hace un buen tiempo, por lo que se ha convertido en un espacio “lomito” para caraqueños y mirandinos: ha sido preservado sin construir, por razones militares, en el centro de nuestra ciudad, cuenta con la mejor ubicación y, aunque debería contar con el acceso de una estación del Metro de Caracas, es accesible.
Es una buena noticia que vaya a ser un área recreacional, sin embargo, hay varios asuntos que considero cruciales y que debemos debatir ejerciendo nuestros derechos de usuarios.
El primero es que el Ministro para la Reconstrucción Urbana, Francisco Sesto, informó que la temática del Parque Bolívar estará dirigida a los jóvenes. También explicó, que existirá un puente que cruzará sobre la autopista para comunicar al Parque del Este con el Parque Bolívar. Aclaró, que la pista con la que cuenta la base aérea La Carlota quedará disponible para emergencias y que está previsto que la instalación cuente con un centro ferial y de convenciones, un espacio para deportes extremos, museos, centros de entretenimiento, servicios de restaurantes, atención médica y cafeterías.
Así, nos queda claro que ya todo está decidido y que, por supuesto, ya debe haber oficinas de arquitectos, ingenieros y especialistas contratados y en fase de diseño, quizá ya en ingeniería de detalles.
La pregunta es, ¿hemos debatido suficiente los caraqueños sobre NUESTRO espacio único, especial y trascendente de recreación? No, eso no ha sucedido y es lo que estamos esperando. Los mecanismos de debate público y de decisión democrática existen y debemos apelar a ellos.
Lo segundo es que, no conozco ni sé quiénes están diseñando el proyecto, pero esa selección corresponde también a otro debate. Una obra de tal trascendencia debería contar, al menos, con un llamado a concurso de especialistas y no decidido a dedo por el burócrata de turno (en este caso nuestro ministro Sesto).
Adicionalmente, si es un Parque Metropolitano debería existir el concurso, la coordinación y el trabajo conjunto con el Gobierno Nacional de los municipios Sucre, Baruta y Chacao (al menos los que colindan o contienen La Carlota ), Alcaldía Metropolitana y Gobernación de Miranda. Tenemos derecho a ello, es la lógica mínima de una gestión democrática y está en nuestra Constitución Nacional la obligación de coordinación de los distintos niveles de gobierno.
Finalmente, el otro asunto que me parece importante, es que no existe ninguna razón para que la Carlota continúe cerrada. Mientras se desarrollan y construyen todos los proyectos -algo en lo que el Gobierno Nacional no ha demostrado ser muy exitoso, por cierto- deberíamos tener La Carlota abierta como área de disfrute y recreación en sus mínimas instalaciones, considerando que tiene un circuito de trote de 5kms, por ejemplo.
Espero que los caraqueños podamos contar con esa alegría pronto, disfrutar del espacio que tanto merecemos y necesitamos. Mientras los puntos anteriores suceden, iniciemos una campaña: ¡abran La Carlota ya!
En el momento en que llegamos a instalarnos en la gestión gubernamental, muchas de las competencias fueron transferidas, casi inmediatamente, al -y por el- Gobierno Nacional. Sin embargo, decidimos no desviarnos del objetivo de hacer de Miranda un mejor Estado. Un Estado que unido tiene vida.
Este domingo, fue entregado a los habitantes de Los Teques el cuarto puesto de salud Pronto Socorro de la entidad. Éstos, son unidades de atención médica pertenecientes a la Red de Salud Francisco de Miranda, donde son atendidos en grado primario los pacientes de nuestro Estado.
La idea de éstos es atender emergencias y casos menores, para luego remitirlos a un centro de salud cercano y especializado, de ser necesario. ¡Qué orgullo decir que la mayoría de los casos logran solucionarse directamente en nuestros Pronto Socorro! El trabajo se hace y se hace como se debe, con profesionalismo, dedicación y corazón.

La situación hospitalaria en el Estado está muy lejos de ser óptima y la gran pregunta es ¿por qué la centralización insiste en no delegar el asunto hospitalario en las manos de quienes demuestran que sí pueden hacer un buen trabajo? ¿Cómo y por qué es que un Gobierno de Estado no tiene la competencia de atender los hospitales, dejando los centros de atención primaria en manos de los municipios? Las escalas de responsabilidades y prioridades parecen no estar en orden.
Para vivir, reír, caminar, correr, estudiar y hasta enfermar y sanar en un Miranda que cambiamos para mejor a diario, hay que dejar a un lado los personalismos y los egos voladores; hay que trabajar por los verdaderos protagonistas de la historia construida día a día: los ciudadanos, la gente, el mirandino.
Estas sonrisas y estos orgullos, de estar en un equipo de trabajo que lleva el cambio a cada rincón del estado, es lo que todos los días hace que me levante con un motor de vida gigante, el cambio de mi país, porque sí podemos lograrlo.

La ciudad capital, Caracas, cumplió ayer 444 años. Hoy todos hablan de la necesidad de cambiarla, de sus estragos, de sus deficiencias, de su «caos». Pero ¿quién realmente re-piensa la ciudad? ¿quién realmente se ocupa por entender Caracas y sus cambios? ¿quién asume que para cambiar Caracas tiene que modificar su rutina, su vida? Todos quieren que cambie, pero nadie quiere cambiar, y al final ¿quiénes hacen la ciudad si no sus ciudadanos?
Para reformular Caracas debemos comenzar por repensar, no sólo a la ciudad, sino al orden urbanístico. Si aceptamos los cambios en todos los aspectos y dinámicas de la vida ¿por qué seguimos con el mismo pensamiento colectivo del ordenamiento «ideal» para la ciudad? La densidad poblacional no es más alta que la de muchas metrópolis del mundo, la desorganización es lo que marca la diferencia. Sí hay caminos, sí es posible tener la ciudad que todos claman, pero este trabajo no lo podemos hacer sin comprender -realmente- Caracas, sus dinámicas y, sobre todo, las tendencias que desde una novedosa visión urbanística pueden servirnos para conseguir lo que queremos.
Creer en que las grandes soluciones se consiguen entre varios, creer en las ideas y no en ideologías, son, afortunadamente, principios que comparto con todo mi equipo de trabajo. Hoy el Gobierno del Estado Bolivariano de Miranda está premiando las ideas hechas realidad, las soluciones que desde la arquitectura y el urbanismo hacen país, hacen ciudad.
Hoy premiamos en el marco de la semana aniversario de nuestra ciudad capital a los «Constructores de Ciudad«. A los que se han dedicado profundamente a repensar y construir #C4r4c4s. ¡Felicitaciones! y ¡Gracias! porque ustedes, Miranda y yo también decimos #CaracasTEQUIERO y en su cumpleaños le regalamos soluciones concretas.