Soy Adriana D'Elia, una venezolana que por más de 25 años trabajó en el sector público del país, promoviendo y liderando proyectos orientados al desarrollo regional y urbano a nivel nacional, regional, municipal, así como en el ámbito legislativo.
Actualmente, desde el Banco Interamericano de Desarrollo aprovecho cada experiencia de la región para pensar en las inmensas posibilidades que tiene Venezuela, y desde el Tanque de Pensamiento Atlantic Council participo en programas que promueven el fortalecimiento del liderazgo político de las mujeres de mi país.
Creo en el inmerso potencial que tenemos las venezolanas para ser agentes de cambio, a pesar de que las mujeres llevan el mayor peso de la crisis, o quizá precisamente por eso.
Creo en los partidos políticos y me mantengo firme militando en Primero Justicia.
Creo en las ideas, no en las ideologías.
Creo en superar cada obstáculo que se interpone en el camino.
Creo en las gigantescas ganas de superación que hay en nuestro pueblo.
Creo en el trabajo en equipo.
Creo que en la suma de todas las ideas, están las grandes soluciones.
Creo en un país, para todos por igual.
Retomo este espacio para plantear y discutir ideas y, sobre todo, espero recibir sus comentarios, para escuchar detalladamente sus inquietudes, sugerencias, y problemas.
Desde esta nueva perspectiva que tengo como persona que ha atravesado cambios significativos, personales y profesionales, tener la posibilidad de seguir aportando.
Muchas veces cuando iniciamos un camino no tenemos la certeza de hasta dónde llegaremos, más que por nosotros, por la naturaleza del recorrido. Cuando comencé a trabajar con Henrique Capriles supe que debía quedarme, mis intereses personales trascendían, los beneficiarios de mi trabajo me impulsaban a querer seguir, a querer expandir un proyecto.
Nuestro gobernador Henrique Capriles da un paso más en este proyecto: llevar el cambio a toda Venezuela. ¡Si hay un camino!
Hoy hago un espacio para recordar. Recuerdo mi primer día, así como cada uno en los que las decisiones se hicieron difíciles, también recuerdo los momentos en los que dudé. Y ahora comparto con ustedes la sonrisa que viaja desde ese sentimiento de satisfacción que encuentro al recordar. ¡Lo hicimos! ¡Pudimos! ¡Seguiremos!
Un honor y una pasión servir junto a Henrique Capriles a nuestro país. Empezamos de a poco, llegamos a más, pero nunca será demasiado, porque el amor por nuestra nación es fuente inagotable de la gestión del cambio. Ya dimos un paso, estamos en primarias. ¡Arriba Miranda! ¡Arriba Venezuela! ¡Sí hay un camino!
El impulso del circuito económico es básico en la construcción del cambio. En Miranda hemos desarrollado múltiples proyectos para impulsar la economía de nuestro estado. Felicidad, gratitud, motivación es lo que puedo expresar, al visitar la obra del Mercado Popular de Los Teques. Porque con la gestión del cambio hemos encontrado alternativas, no excusas. ¡Hay un camino! en Miranda lo hemos conseguido.
Reconstruir la institucionalidad perdida y abrir las puertas hacia el futuro pasa por el rescate de los edificios públicos destruidos. Henrique Capriles acaba de devolverle a Los Teques, nuestra capital el edificio de Gobierno del Estado Bolivariano de Miranda y que ya en la calle la gente le llama «Casa de Gobierno».
El edificio de imagen neoclásica definido por dos cuerpos alargados conforma la Plaza Bolívar en sus bordes Oeste y Sur. Fue construido en 1928 durante la administración de José R. Luque para alojar la recién creada Gobernación del estado Miranda en Los Teques como su nueva capital.
Cuando se inicia la actual gestión de gobierno en Miranda encontramos que el edificio, había sido abandonado y estaba en estado de ruina. Además de los cambios e intervenciones que sufrió a lo largo de su vida útil, había sufrido una fuerte explosión en 2007 que había destruido el 30 por ciento del cuerpo oeste de la edificación y había dañado severamente otras partes del conjunto.
Así que enMiranda no solo encontramos un gobierno desmantelado en su institucionalidad, con archivos desaparecidos, bienes incompletos, sino también físicamente en ruinas.
Es difícil de creer, parece de otro país o una historia de ciencia-ficción, pero aunque ustedes no lo crean, «alguien» colocó unos explosivos y en consecuencia todo se hallaba en ruinas.
Decimos que «alguien» porque nunca se supo quién lo hizo. La «investigación» no arrojó resultados; los culpables no fueron castigados.
La conclusión es muy sencilla. Un edificio catalogado como patrimonio cultural de nuestra nación había sido destruido y abandonado en el gobierno del hoy diputado Diosdado Cabello, quien ignoró además las recomendaciones que en su momento realizara el Instituto de Patrimonio Cultural para que las ruinas del edificio no continuaran su deterioro.
Y solo para hacer más increíble la historia, miembros del anterior gobierno, que hoy son autoridad en la ciudad, formaron parte de una coalición de fuerzas, afortunadamente vencidas que trataron de impedir su recuperación.
En resumen, no solo no hicieron lo que era su obligación como gobernantes, mirandinos, ciudadanos, tequeños, sino que además trataron de impedir por todos los medios, judiciales, administrativos, comunicacionales, legislativos y policiales la ejecución de las obras de restauración. Hasta un camión de concreto fue una vez secuestrado en el nombre de la «ley».
Una síntesis de la gestión del cambio: lo mejor de la tradición de Miranda y el progreso.
Afortunadamente de nuevo, el bien triunfa sobre el mal y a partir de ahora, el edificio sede del Gobierno Bolivariano de Miranda en nuestra capital luce un renovado aspecto, tras haber sido restaurado y recuperado por nuestro gobernador Henrique Capriles Radonski, quien siguiendo el proyecto del arquitecto Edwing Otero y un conjunto de profesionales de otras disciplinas como la historia, la arqueología, la patología de edificaciones, la ingeniería y el arte, entregaron de nuevo a Los Teques, su Casa de Gobierno. Rescatando no solo la edificación, sino la dignidad de la capital de nuestro estado. Estamos de nuevo en la Plaza Bolívar. Estamos de nuevo muy cerca de nuestro pueblo, cerca de la gente que más lo necesita y con la presencia de permanente de autoridades y funcionarios de gobierno que promoverán un círculo virtuoso de revalorización y revitalización de nuestro centro histórico.
Con nuestro Gobernador, abriendo devolviéndole la dignidad cultural y administrativa a Miranda. De vuelta en la Casa de Gobierno.
No puedo ocultar la inmensa alegría que siento al decir que formo parte de un equipo que le devuelve a Los Teques su edificio de Gobierno y que es un honor como mirandina ser secretaria de gobierno de mi Estado despachando desde la mismísima Plaza Bolívar de Los Teques.
No pudieron y más nunca podrán impedir que Miranda progrese, que nuestro pueblo se siga uniendo y en paz siga avanzando hacia un futuro de progreso. ¡Arriba Los Teques! ¡Arriba Miranda! ¡Arriba Venezuela!
PD: Artículo publicado en El Universal el 23 de octubre de 2011
Hoy quiero compartir con ustedes lo complacida que me hizo sentir una noticia reciente: tres mujeres que han defendido los derechos y el fin de la violencia en Liberia y Yemen ganaron el premio Nobel de la Paz. Esto me reconforta. Me hace saber que muchas mujeres vamos por un camino correcto y me impulsa a seguir trabajando por el cambio que merece nuestro estado Miranda y nuestro país.
Tawakkul Karman, Ellen Johnson-Sirleaf (la presidenta de Liberia) y Leymah Gbowee, ganaron el premio por su lucha no violenta por la seguridad y los derechos de las mujeres a participar en las labores para construir la paz. ¡Bravo!
Leí que el comité seleccionador del Nobel, espera que el reconocimiento ayude a poner fin a la represión de las mujeres en muchos países, y a que el mundo se de cuenta del gran potencial para la democracia y la paz que podemos representar.
Ganadoras del premio Nobel de la paz 2011
Y sí, tienen razón. Tenemos un gran potencial para la democracia, la paz y la construcción de comunidades, estados, países. Creo en la capacidad de la mujer, no sólo porque lo corroboro a diario con mis compañeras de trabajo, con las madres que conozco en el camino que transito junto al equipo de Miranda, sino, porque el paso del tiempo lo ha comprobado. Estamos ahí, en las sillas presidenciales, en puestos de gerencia, al mando del hogar, comandando luchas contra la violencia y pidiendo con acciones concretas la paz.
Este Nobel femenino, me hace recordar otro caso más cercano: las madres de Catuche.
Madre de Catuche, luchadora por la paz.
Catuche es un barrio caraqueño donde la violencia le robaba la vida de sus hijos a las madres del barrio. Hasta el día que dijeron ¡ya basta! Se organizaron y cafè de por medio, conversan de los problemas del barrio, de los problemas de sus hijos, de su comunidad y de sus vecinos. Han hecho acuerdos con los jóvenes del barrio y las familias: no creer en chismes, conversar las cosas, no insultarse entre ellos.
¿No creen que les ha dado resultado? Pues las madres de Catuche han logrado que en 3 años no haya un sólo asesinato en el barrio. En 3 años nadie ha muerto por la magnífica intervención del amor de madre cansado de perder vidas cercanas. ¿No creen que es maravilloso?
Catuche lleva 3 años sin un asesinato
Yo lo creo y aplaudo a todas las mujeres del mundo que se atreven a decir ¡ya basta!, que se atreven a luchar por una mejor vida, por lo que merecen.
Aplaudo a las mirandinas y a las venezolanas, a las ganadoras del Nobel y a las madres de Catuche.
Aplaudo lo reconfortante e inspirador del trabajo incansable de estas proactivas mujeres. ¡Que Dios les de larga vida y que se extienda en el mundo su labor y acción!
Es difícil de olvidar aquel día de noviembre del 2008, cuando un primer grupo de avanzada llegamos a la sede del gobierno del Estado Bolivariano de Miranda, anunciando que éramos los representantes del nuevo gobernador electo, Henrique Capriles Radonski.
Integrábamos la comisión de enlace para la instalación del nuevo gobierno y nuestra función era la de recibir del gobierno saliente, todos los bienes y activos de la gobernación y toda la información operativa necesaria.
Pocos días antes, alegría, júbilo y asombro, eran los sentimientos que se entremezclaban. En medio de la satisfacción consecuencia de la victoria, eran desconcertantes los mensajes y noticias de quienes veían incrédulos lo que estaban haciendo quienes iban de salida. «Están desapareciendo todo; se están llevando los vehículos; les están quitando los cauchos; los archivos se los llevan; las computadoras ya no están; transfieren recursos al gobierno nacional; firman cheques a la carrera; ya renunciaron todos los funcionarios de libre nombramiento y remoción».
Esa mañana entramos por primera vez a las oficinas de la casa de Gobierno Generalísimo Francisco de Miranda, ubicada en el Km23 de la carretera Panamericana. Las miradas de todos los funcionarios, la mayoría aún con sus camisas y franelas rojas, esperaban las nuevas decisiones. Medios oficiales habían promovido una oficialista campaña de miedo y desinformación: «van a despedir a todo el mundo, van a quitarle los recursos a los consejos comunales, van a sabotear las misiones, van a cambiar la bandera del Estado de nuevo».
Aún me parece que fue ayer cuando en el acto de toma de posesión el gobernador Henrique Capriles Radonski anuncia mi designación como secretaria de Gobierno. Horas más tarde estaba pautada la entrega formal del Gobierno en la Casa Amarilla, sede oficial de la oficina y residencia del Gobernador. Allí en pleno centro de Los Teques, en nuestra capital estaban sobre una mesa de unos diez metros de largo, docenas de cajas blancas con el nombre de la dirección o instituto anotado con marcador negro: Instituto de Vivienda, Dirección de Desarrollo Social, Secretaría de Gobierno, Corporación de Turismo, Instituto de Infraestructura. Así hasta sumar más de 60 cajas cada una con la «entrega formal». Todos sus directores y presidentes de institutos habían renunciado y dejado su respectiva cajita con un manojo de llaves y dos carpetas contentivas del Acta de Entrega. Nadie para explicar nada, nadie para aclarar.
Como secretaria de Gobierno designada por el Gobernador, me tocó recibir un gobierno en cajas. Todo estaba preparado para que no se entendiera nada; para que las llaves no abrieran ninguna puerta; para que los vehículos, los que habían dejado, no
Nuestro gobernador celebrando. Ya el cambio había ganado en Miranda.
prendieran; para que no se pudieran pagar las nóminas de los trabajadores; para que no se supiera en dónde estaban las cuentas; ni los registros de bienes; ni los expedientes administrativos. Solo cajas.
Días después de trabajar día y noche, con todo el equipo designado por el nuevo Gobernador y con la mayoría de los trabajadores de Miranda dispuestos y colaborando, estos comenzaban a comprender lo que significaba un gobierno para todos por igual. No se dieron despidos por creencias o posiciones políticas, nunca los hubo. Algunos de los representantes de los consejos comunales se mantenían remolones pero la mayoría al poco tiempo estaba, como era de esperarse, trabajando por mejorar las condiciones de vida de su gente, sin pensar en colores políticos.
Con las cuentas más claras y las denuncias formuladas ante los órganos correspondientes, comenzamos un gobierno escaso en recursos, pero rico en ideas y con la única misión de llevar progreso a Miranda.
La tecnología resulta hoy día un motivo de distracción del momento presente, pero para mí significa -lo que para muchos- una posibilidad infinita de cercanía. No sólo con mis hijas, amigos y familiares que están fuera del país, sino con los mirandinos, esos por quienes me levanto todos los días a las 5a.m. sin importar la hora en la que duerma, esos en quienes pongo mi fe y mi esfuerzo.
El teléfono celular es una bendición y, a diferencia de muchos empresarios y líderes políticos, tengo uno solo. Sí, tengo un solo teléfono, el mismo por donde llamo a mis hijas, por el que recibo el mensajito de «cambio de planes» del Gobernador o un ¿cómo estás? de mi mejor amiga. Y a diferencia de lo que muchas veces hacemos las mujeres para despachar alguna conquista, yo voy dando mi número a quien lo necesite, en cada acto público, en cada entrega de insumos, certificados, en cada supervisión de planes, en cada rincón del estado Miranda está mi número de teléfono, el de verdad, no al que se la cambia un número para evitar la cercanía.
Nada empaña la cercanía y el cariño que nos une: una mejor calidad de vida, un mejor estado, un mejor país.
Les cuento que mi celular es una amigo incondicional de la gestión del cambio, de vez en cuando le da un ataque y se paraliza, y entramos esa relación pasión odio que todos tenemos con nuestros aparatos electrónicos más utilizados «¿otra vez? no, ahorita no me hagas esto, reacciona por favor», él -como todos- finalmente reacciona, y entonces puedo contestar al menos los 350 mensajes de texto diarios que me llegan de mi gente, de la Sra. Engracia que necesita trabajo para su esposo, de Daniel José un niño agradecido que acaba de empezar clases y estrena su bulto con útiles escolares otorgados por la Gobernación, del Sr. Miguel que denuncia una vía en mal estado cerca de su casa… de ellos, de todos, de los mirandinos.
Sí, a diferencia de muchos, yo soy la que atiende el teléfono y contesta día a día los mensajes de texto de más 350 mirandinos con alguna petición, inquietud, denuncia o -mi gasolina- un agradecimiento por confirmar que sí, que en Miranda sí llegael cambio es para todos por igual.
Gracias, gracias por sus letras, por su confianza, por su cercanía. Gracias por dejarme ser parte de la solución.
Otrora una hacienda llamada La Popa, Aramina La Popa, es hoy una de esas poblaciones ubicadas en lo que llamo Miranda adentro. Si, así es nuestro estado, nos alejamos unos minutos de los centros urbanos y enseguida estamos en los bosques húmedos y calurosos, de lo que conocemos como Barlovento.
Hablo de Aramina, porque a pocos días de iniciarse las clases, tuve la oportunidad de inaugurar junto a nuestro gobernador Henrique Capriles y a todo nuestro equipo de educación e infraestructura, la escuela Rosa Enríquez de Bandres.
Estando en el lugar confirmé una vez más que la educación es el camino.
Aramina es un pueblo pequeño y tranquilo, habitado por gente alegre, que en su mayoría se dedican a la agricultura y labores comerciales. Es la Miranda rural, la que provee de mandarinas, limones, aguacates y cacao, a buena parte de los venezolanos. La que tiene humedad de selva y temperaturas de 37 grados. En esta Miranda, la escuela es todo.
Rosa Enríquez, estaba ahí. Aunque da clases desde el 62, su espíritu no habla de su edad, al contrario, engaña a los años. Que alegría que la escuela lleve el nombre de uno de nuestros tantos héroes anónimos y en vida. Nuestros libertadores, héroes de otro siglo, ya han bautizado demasiadas plazas y liceos.
La escuela es nueva, digna, moderna. Es el palacio de Aramina, como dijo su director en el discurso inaugural. Mucho de la vida del pueblo girará alrededor de esta edificación. La institución ya existía, pero estaba abandonada, con fallas estructurales, grietas, goteras. Algunas aulas estaban clausuradas.
Hoy eso se acabó. En menos de un periodo escolar se construyó la escuela de nuevo. La construimos. La construyeron. Mucha
La escuela posee tecnología que permite que las aulas estén frescas, aunque afuera la temperatura esté cerca de los 40 grados
gente del pueblo participó activamente. Muchos se involucraron. Ahora es de ellos. No es de un partido, no es de un gobierno. Es de Aramina La Popa.
No solo es un edificio. Es la esperanza de los padres que llevan a los hijos a la escuela, muchos a darles la oportunidad que ellos no tuvieron. Es la alegría de los alumnos que van cada mañana. Luego será el recuerdo de un lugar en el que se formaron para el futuro. Fueron miles de horas aprendiendo de los libros y no de la calle.
El gobernador dice que la educación no puede ser un asunto de política. Aunque cada vez necesitamos más y mejores políticas de educación.
Aramina La Popa está más cerca del progreso y no precisamente porque se construyó una autopista.
Quisiera compartir con ustedes, los lectores de mi blog, este artículo que escribí sobre la planificación urbana y los sistemas de transporte en Venezuela y fue publicado en el diario El Universal la semana pasada.
Ministro Garcés, no deje el transporte en manos del liberalismo salvaje
Son muchos los cambios y planificación que hay que hacer en nuestro sistema de transporte
En las ciudades conviven múltiples intereses contrapuestos, que sin la planificación urbana necesaria y de los sistemas de transporte, nos llevan a obtener los peores resultados, afectando especialmente a quienes menos posibilidades tienen de influir y decidir. En pocas palabras, la falta de estas políticas durante estos 12 años, le han abierto la puerta grande al tan mencionado neoliberalismo salvaje en materia de transporte, perjudicando especialmente los más necesitados.
La última política integral conocida y formulada en transporte urbano en Venezuela data de los años 90 del siglo pasado y se basó en cuatro principios básicos: descentralización, basada en la municipalización del transporte; asistencia técnica y financiera a los gobiernos municipales y a los operadores privados desde el gobierno central; provisión de infraestructura de transporte y fortalecimiento institucional.
Como cualquier ciudadano lo puede observar, ninguna de estas políticas fue implementada y las condiciones de operación de los sistemas de transporte se agravaron aún mas debido a la ausencia absoluta de coordinación entre las autoridades en los distintos niveles de gobierno. Si a esto le sumamos al aumento de la demanda por parte de los usuarios, que a su vez ha traído un crecimiento anárquico de la oferta, carente de control y coordinación del estado, la conclusión es que la calidad del transporte público que ya era pésima, se ha deteriorado aún más.
Otros factores como la bajísima asignación de recursos para el apoyo financiero de los operadores y de los gobiernos locales en materia de transporte y la obstrucción y criminalización de los transportistas privados, estos últimos siempre bajo la amenaza y presión de las líneas paralelas de transporte público operadas directamente por el gobierno central, muchas de ellas hoy fuente de cementerios de chatarra localizados por todo el país.
Mientras en ciudades hermanas se habla de cómo generar propuestas de movilidad sostenible; del equilibrio entre el transporte público y el uso racional del automóvil; de la planificación y la gestión del transporte y el desarrollo urbano; de la recuperación de las áreas centrales y zonas desarrolladas y del respeto y uso a las zonas patrimoniales; del incentivo a modos alternos de transporte y de la integración de todos los sistemas; en Venezuela no salimos del pleito promovido por el gobierno central entre todos los agentes, los públicos, los privados, los usuarios, los operadores, los entes reguladores, los conductores, los avances, los jipceros, los autobuseros, los sindicatos, los trabajadores, los consejos comunales, los estudiantes, todos en pleito.
Otra cosa, Ministro, y hablando de políticas sociales, de un gobierno que se dice socialista. La proporción del costo de los pasajes para los más pobres en relación a su ingreso es una carga demasiado onerosa para que puedan progresar, y ni hablar de las personas que no tienen empleo y que no lo van a conseguir porque no pueden moverse. Ni hablar de las personas mayores o con discapacidad, que no reciben asistencia alguna para poder moverse con propiedad en este sistema catastrófico de transporte dejado en manos, por este gobierno, del neoliberalismo salvaje.
Si Ministro Garcés, el Estado debe intervenir tanto directa como indirectamente en la regulación y funcionamiento del sistema de transporte y de las ciudades para que exista progreso en sus habitantes; debe coordinar y cooperar; debe financiar y promover; debe conciliar; y sobre todo debe encargarse de quienes más lo necesitan.
Publicado en El Universal Sábado 27 de agosto de 2011.
La autoconstrucción ha demostrado ser una vía efectiva en la mejora de la calidad de vida en muchos países. Especialmente en realidades como las nuestras, donde más del 80% de la población vive en zonas y viviendas no planificadas.
En Miranda hacemos posible el cambio, un cambio para mejor, un cambio para todos por igual. Por eso nuestro proyecto para la vivienda es integral, junto con los certificados de construcción, donde subsidiamos materiales para mejorar la calidad de las viviendas, tenemos un amplio voluntariado de arquitectos e ingenieros cicivles que supervisan y orientan a los beneficiarios en sus obras, y a su vez contamos con la Escuela de Constructores Populares de Miranda, donde beneficiarios e interesados profesionalizan el oficio del que viven.
Fomentar la autoconstrucción solo es parte de una solución integral en materia de vivienda, que también debe incluir la construcción y planificación de verdaderas ciudades que brinden calidad de vida a cada uno de sus habitantes.
Vivienda de Carmen Celis, beneficiaria de la Región de Valles del Tuy, municipio Independencia.Vivienda de Yeisy Rivero Aragort, beneficiaria de la Región de Barlovento, municipio Andrés Bello.Vivienda de Ligia López de Pedroza, beneficiaria de la Región Valles del Tuy, municipio Tomás Lander.Vivienda de Carmen Blanco, beneficiaria de la Región de Barlovento, municipio Acevedo.
Ser mamá de dos muchachas es una gran alegría y una responsabilidad enorme. Mis dos hijas, Adriana Carolina de 21 años y Adriana Valentina de 16, hace seis años que no viven conmigo. Sí, desde que tenían 10 y 15 años se mudaron a El Cairo, Egipto con su papá.
Estuve casada durante 23 años con un ingeniero de petróleo y fueron muchísimas las mudanzas, los cambios. Recuerdo que cuando Adriana Carolina tenía nueve años había estado en seis colegios, en seis ciudades distintas, de dos países diferentes. La infancia, niñez y adolescencia de las niñas fue bastante particular. Cuando ambas nacieron estábamos siempre en algún lugar de paso por lo que preparar la habitación del bebé o tener lista una canastilla con ropita de encajes no era posible.
Cuando ellas decidieron irse a El Cairo, yo ya no quería volver a mudarme. En ese momento trabajaba en la Alcaldía de Baruta y ya había asumido que no tenía un trabajo sino que había encontrado una misión en mi vida. Había estado muy cerca del trabajo de Henrique Capriles y todo el equipo que lo ha acompañado desde el año 1999. La fuerza para seguir adelante trabajando por el cambio era muy poderosa.
También me había dado cuenta de que mi vida, mi existencia, tenía otro sentido si le dedicaba todo mi esfuerzo a servir a los demás. Era el comienzo de mi cuarta década de vida y estaba clara que lo que quería: en cualquier lugar en el que estuviera, en cualquier circunstancia que me tocase vivir, quería dedicarme a una tarea de servicio por quienes más lo necesitan.
Entonces un día “las Adrianas” me dijeron, con la madurez sobrevenida de unas niñas que crecieron entre mudanzas, idiomas, culturas y circunstancias: “mamá, nos queremos ir a El Cairo, queremos aprender árabe, conocer la cultura musulmana, vivir esa experiencia…” Su papá se había ido un año antes, sólo faltaba que yo las llevara.
Lo recuerdo como el día más triste de mi vida. Viajamos a El Cairo las dejé con su padre. Cuando venía de regreso a nuestro país, en uno de los vuelos, tuve a un ángel sentado a mi lado, era una señora que venía rezando al Espíritu Santo. Entonces estuve segura de que Dios, que siempre ha estado con nosotros, no nos iba a abandonar.
Finalmente, abrí la puerta de nuestra casa completamente vacía. Estaba triste, sola, pero llena de la convicción con la que he mantenido la fuerza para soportar la distancia y la separación: sólo se enseña con el ejemplo. No importa qué pueda decir uno como padre, no importa de qué estén hechas las palabras o cómo se pronuncien, sólo se enseña con el ejemplo.
Ser madre de dos mujeres implica la gran responsabilidad de demostrarles con mi vida que ésta sólo tiene sentido si se vive como uno piensa, si se es congruente con la misión que Dios nos encomienda. Si yo encontré el sentido de mi vida en el amor por lo que hago, ¿cómo podría abandonarlo? Si todos los días les digo que deben estudiar, aprender, ser buenas personas, ser libres, independientes, autónomas e ir tras el sueño de sus vidas, ¿cómo podría haber dejado yo el mío?
Adriana Carolina está por comenzar su tercer año de Economía con enfoque en Ciencias Políticas en Montreal, y Adriana Valentina aún vive con su papá, hoy mi ex esposo. Ellas hablan inglés, italiano, árabe, francés; son deportistas, estudiosas, libres de elegir lo que quieren y hacia dónde van. Estoy tan orgullosa.
Aún en la distancia, su amor y admiración por nuestro país permanece intacto, saben que ellas también tienen una misión que cumplir en su adorada Venezuela y se están preparando para cumplirla, inspiradas en las razones por las cuales me quedé: trabajar por nuestra gente, hacer posible una Venezuela de progreso para todos.